Democracia y Humanismo Mexicano

El sentido del concepto “Humanismo Mexicano” se ha venido forjando como producto del movimiento social en que se fraguó, progresivamente también, la perspectiva de la Cuarta Trasformación. La perspectiva del Humanismo mexicano es excluyente e incluyente a la vez. Expliquemos. Excluye el trato discriminatorio por origen e identidad (racial y étnica, xenofobia, por género y orientación sexual) por condición socioeconómica (pobreza estructural, laboral y precarización, aporofobia), por exclusión cultural y digital (brecha digital, lingüística y religiosa), por exclusión relacionada con la salud y capacidades (capacitismo, estigmatización por condición de salud), por exclusión interpersonal y comunitaria (acoso y ostracismo, sesgo de pertenencia). Frente a estas exclusiones el Humanismo Mexicano pugna por la inclusión del trato igual entre los mismos seres humanos. Afirma con contundencia que sólo la igualdad en el trato, nos iguala.

El sentido incluyente del Humanismo Mexicano radica en la construcción cultural y política, por medio de la Cuarta Trasformación, para sustituir las relaciones sociales basadas en las diferencias mencionadas arriba.

El Humanismo Mexicano es una propuesta de intención y apunta al uso amplio e incluyente entre el trato entre las personas sean mujeres y hombres. Esta intención define, por ejemplo, las actividades de apoyo y defensa ciudadana respecto a los asuntos que conciernen centralmente a las mujeres, como la violencia doméstica.

El Humanismo Mexicano debe entenderse como doctrina moral de la igualdad de trato que no apuesta por ningún tema empírico en discusión, sea en biología, fisiología o psicología; tiene la virtud de procurarnos un uso extensivo e incluyente del concepto ‘Humanismo Mexicano’. Una forma de mirar, una perspectiva incluyente que se ha convertido en el rasgo distintivo de la Cuarta Trasformación que ha mostrado ser una fuerza política que sabe asimilar sus herencias históricas y se nutre de ellas, capaz de respuestas políticas oportunas, adecuadas y precisas en el complejo entorno que habitamos.

Esta lucha por la igualdad es el fruto más generoso y el aporte histórico de las luchas aludidas por la Cuarta Trasformación. Que esa igualdad de trato sea al mismo tiempo el rasgo característico de la democracia a la que aspiramos, debe serlo. Esa es la democracia en la que se inscribe la acción del Movimiento de Regeneración Nacional y con la que adquiere sentido pleno nuestro compromiso. Se le puede nombrar por su sinónimo: equidad, estableciendo que se resuelve en el respeto a la integridad cultural, emocional y física de las personas, por lo tanto, el respeto a la diferencia más que a la tolerancia, es la virtud básica de la democracia. Explícitamente, en la equidad, en la igualdad de trato, se reconoce la diversidad y se aspira a un mundo que cobije por igual las personales diferencias y la complejidad de nuestros pluralismos.

Dos observaciones ineludibles: una, las construcciones universalizantes y esencialistas no tienen cabida, ni para el Humanismo Mexicano, ni para la democracia. Dos, los términos son históricos, por lo tanto, son pertinentes en su sentido pleno cuando se asume la historia en la que nos y los hemos forjado; de ello depende que nos sean útiles. El sentido pleno hace la aplicación correcta de términos como “Humanismo Mexicano”’, “democracia” o “Cuarta Trasformación”; lo que los convierte en términos que esclarecen, orientan y conducen.

Es decir, a estas alturas de la elaboración teórica y práctica del Humanismo Mexicano, sabemos que no existe “el mexicano” ni un “nosotros los mexicanos” al margen de los demás seres humanos. Por mexicano debemos entender la historia de la humanidad. Frente a la diversidad que somos los humanos, la exclusión no vale; no se es automáticamente humanista como no se es genéticamente democrático.

Es necesario admitir que hay usos excluyentes del término “humanista” y también de “democracia”. Al punto en que el humanismo y la democracia han llegado en el espacio de nuestra actividad ciudadana; vale la pena que nos esclarezcamos asumiendo nuestra historia, y asumiéndola en su diversidad, sin autocomplacencia alguna. Es muy saludable ver la historia como un diálogo no siempre armónico entre las diversas posturas políticas.

El Humanismo Mexicano es un ejercicio que quizás nos permitiría asumir la historia del pueblo mexicano y de la humanidad, en toda su riqueza. Asumirla, quiere decir: restituir a esos términos clave su sentido pleno en el ámbito de nuestra acción ciudadana. Entendiendo que “Humanismo Mexicano” es un término que arma su importancia, su rigor y su riqueza en los aportes de los movimientos sociales que ha albergado, contradictorios, plurales y enormemente generosos.