Fray Antonio de Montesino, primer grito de denuncia contra los abusos de los colonizadores españoles.

Fray Antonio de Montesino (1475-1540) fue el pionero absoluto en denunciar los abusos, la explotación y la drástica disminución de la población nativa. Desde el púlpito en La Española (actual República Dominicana) el 21 de diciembre de año de 1511 el fraile dominico Antonio de Montesino pronunció su famoso Sermón de Adviento ante las autoridades coloniales, lanzando varias preguntas que sacudieron al imperio español:

 “¿Con qué derecho y con qué justicia tenéis en tan cruel y horrible servidumbre aquestos indios? (…) ¿Estos no son hombres? ¿Con éstos no se deben guardar y cumplir los preceptos de caridad y de la justicia? ¿Estos no tenían sus tierras propias y sus señores y señoríos? ¿Estos nos han ofendido en algo? ¿La ley de Cristo, no somos obligados a predicársela y trabajar con toda diligencia de convertirlos? (...) Montesinos sentencio en relación a la conducta de los españoles: “Todos estáis en pecado mortal, y en él vivís y morís, por la crueldad y tiranía que usáis con estas inocentes gentes.”

Por este discurso Montesino es considerado el primer gran grito de denuncia contra los abusos de la colonización y un hito en la historia de los derechos humanos. El sermón escrito por Montesino fue respaldado por toda la comunidad de frailes dominicos recién llegados. Este Sermón de Adviento, que fue recogido por el cronista Bartolomé de las Casas, es considerado un hito fundamental en la defensa de los derechos humanos y de los pueblos indígenas en el continente americano.

¿Cuál fue la reacción de las autoridades coloniales?

El sermón tuvo un impacto inmediato que desató la furia de encomenderos y de las autoridades encabezadas por el almirante y virrey Diego Colón, (hijo de Cristóbal Colón) quienes se sintieron profundamente agraviados, calificando el sermón de "escandaloso" y perjudicial para los intereses de la Corona. Diego Colón presente en el oficio religioso se dirigió a hablar con fray Pedro de Córdoba al convento de los dominicos para que expulsase de la isla a fray Antonio o que, al menos, diese a la semana siguiente un sermón más suave, que apaciguase los ánimos.

Sin embargo, lejos de retractarse, el siguiente domingo 28 de diciembre Montesino reafirmó y agravó la postura, advirtiendo que ningún fraile confesaría a quienes mantuvieran a los indígenas en esa situación. Esto desató un conflicto político y religioso que obligó a enviar representantes a España para debatir el asunto ante el rey Fernando el Católico, lo que a la postre propició la promulgación de las Leyes de Burgos (1512). Este segundo discurso fue mucho más beligerante por los nativos y divulgó a viva voz cinco principios:

1) que las leyes de la religión están por encima de las leyes de los particulares y del Estado;
2) que no existen diferencias raciales ante los ojos de Dios;
3) que la esclavitud y la servidumbre son ilícitas;
4) que se debía restituir a los aborígenes su libertad y bienes, y
5) que se debían convertir a los nativos al cristianismo con el ejemplo.

¿Cuáles eran las denuncias centrales de Fray Antonio de Montesino en el Sermón de Adviento ante las autoridades coloniales?

Las denuncias giraron en torno a cinco ejes:

1. La cuestionable legitimidad de la conquista y las guerras. Montesino confrontó directamente a los españoles cuestionando la legalidad y la moralidad de sus acciones bélicas en el continente: «¿Con qué derecho y con qué justicia tenéis en tan cruel y horrible servidumbre aquestos indios? ¿Con qué autoridad habéis hecho tan detestables guerras a estas gentes que estaban en sus tierras mansas y pacíficas, donde tan infinitas dellas, con muertes y estragos nunca oídos, habéis consumido?»

2. La sobreexplotación laboral y las muertes por la codicia del oro. El fraile denunció que los indígenas eran tratados con extrema crueldad y forzados a jornadas de trabajo inhumanas únicamente impulsadas por la ambición de riqueza: «¿Cómo los tenéis tan opresos y fatigados, sin dalles de comer ni curallos en sus enfermedades, que de los excesivos trabajos que les dais incurren y se os mueren, y por mejor decir, los matáis, por sacar y adquirir oro cada día?»

3. La indiferencia ante el sufrimiento y la pérdida de vidas. Se recriminó a los colonos su absoluta falta de empatía y la total desatención hacia las necesidades básicas, la salud y la supervivencia de los nativos, a quienes veían morir en masa sin remordimiento.

4. La negación de la condición humana y espiritual de los indígenas. Uno de los puntos más punzantes del sermón fue apelar directamente a la conciencia cristiana de los españoles, exigiendo que reconocieran a los nativos como seres humanos dotados de alma y dignidad:

«¿Estos, no son hombres? ¿No tienen ánimas racionales? ¿No sois obligados a amarlos como a vosotros mismos? ¿Esto no entendéis? ¿Esto no sentís? ¿Cómo estáis en tanta profundidad de sueño tan letárgico dormidos?»

5. La advertencia espiritual (la condena moral). Para cerrar con máxima contundencia ante una audiencia profundamente católica, Montesino lanzó una advertencia directa sobre su salvación eterna si no cambiaban su comportamiento, negándoles de entrada la absolución en la confesión: «Tened por cierto, que en el estado en que estáis no os podéis más salvar que los moros o turcos que carecen y no quieren la fe de Jesucristo».

Por lo visto fueron tempranas las denuncias en los que se detallaban los abusos sistemáticos hacia la población nativa. Lejos de ser un secreto, estas prácticas de abuso generaron una enorme crisis de conciencia jurídica y moral dentro de la propia Monarquía Hispánica. En este específico caso los principales denunciantes fueron frailes dominicos miembros del clero regular.

Antonio de Montesinos murió en algún lugar de Venezuela el 27 de junio de 1540. No se sabe con exactitud cómo murió. En el Libro Antiguo de Profesiones, al margen de la nota de su profesión, está escrita: “Obiit martyr in Indii” (murió como mártir en la India)»; y en el mismo convento de San Esteban de Salamanca, a la entrada del refectorio, se halla rotulado como mártir.