Sor Juana Inés de la Cruz una monja que defendió la autonomía intelectual de las mujeres.
El pensamiento de sor Juana Inés de la Cruz (1648/1651–1695) formó parte de un movimiento cultural e intelectual conocido como ilustración. Desde siempre la figura de la "Décima Musa" ha sido interpretada, recuperada y debatida en el marco de la laicidad, la libertad de conciencia y la autonomía del pensamiento. Por supuesto que el concepto de laicismo —entendido como la separación institucional entre el Estado y las iglesias, y la neutralidad del poder civil frente a las religiones— tal como lo conocemos hoy, no existía en el siglo XVII en la Nueva España.
Sor Juana no era una pensadora laica, era una monja jerónima. Ingresó al convento de San Jerónimo buscando el único espacio de autonomía e independencia intelectual que la sociedad virreinal le permitía a una mujer: el claustro, donde podía leer, escribir y estudiar sin estar sujeta a las obligaciones del matrimonio o del cuidado doméstico tradicional
En la carta Respuesta a Sor Filotea de la Cruz encontramos su famosa defensa del derecho de la mujer a la educación y al saber. ¿Por qué se asocia a sor Juana Inés de la Cruz conceptualmente con laicidad o autonomía de la razón? Aunque ella era profundamente religiosa, varios aspectos de su vida y obra anticiparon debates que más tarde nutrirían el pensamiento moderno y laico. En la Respuesta a Sor Filotea, Sor Juana defiende el derecho al libre ejercicio del intelecto humano —especialmente el de las mujeres— frente a la censura y al dogma impuesto por las jerarquías eclesiásticas de su tiempo. Su famosa frase "Yo no estudio para escribir, ni menos para enseñar, sino solo por ver si con estudiar ignoro menos" reivindica el valor intrínseco del conocimiento. Sor Juana abogó por que las mujeres pudieran estudiar ciencias, matemáticas, filosofía y literatura sin que esto fuera visto como una transgresión moral o una amenaza a la fe.
Argumentos filosóficos usados por Sor Juana en su respuesta a Sor Filotea de la Cruz
La Respuesta a Sor Filotea de la Cruz (publicada originalmente en 1691 bajo el seudónimo de Sor Antonia Margarita y firmada por la propia Sor Juana Inés de la Cruz) es una de las defensas tempranas más notables de los derechos de la mujer y del derecho al conocimiento. Para refutar las críticas de su superior (el obispo Manuel Fernández de Santa Cruz, quien firmó como "Sor Filotea" ocultando la publicación no autorizada de su Carta atenagórica), Sor Juana recurre a una profunda argumentación fundamentada en la filosofía escolástica, la teología, la hermenéutica bíblica y la lógica retórica.
El argumento ontológico-teleológico de la inclinación natural y divina. Sor Juana argumenta que el deseo innato de saber y la sed de conocimiento no son un capricho pecaminoso ni una ambición mundana, sino una inclinación natural infundida por Dios. A partir del principio del que todo lo que Dios crea tiene un propósito (teleología) y dota a sus criaturas de facultades acordes con ese fin. De este principio Sor Juana deduce que, si Dios le otorgó un intelecto agudo y una pasión desmedida por el estudio, negarse a cultivarlo iría en contra de la voluntad divina. Para ella, apagar esa luz del entendimiento equivaldría a despreciar un don de Dios.
La defensa del estudio como medio para la comprensión teológica (hermenéutica). Sor Juana establece que todas las ramas del saber están interconectadas; argumentaba que para comprender la profundidad de la teología y las Sagradas Escrituras, es indispensable dominar las ciencias auxiliares (lógica, retórica, física, historia, música y matemáticas). Para ilustrar este argumento utiliza la metáfora de la escalera del conocimiento, donde las ciencias humanas sirven como peldaños necesarios para ascender y comprender la sabiduría divina. Sin la gramática o la lógica, es imposible interpretar correctamente los textos sagrados.
La estrategia retórica de la humildad fingida y la modestia epistémica. Sor Juana emplea el lugar común de la falsa modestia de manera magistral; se declara a sí misma la criatura más ignorante, indigna y torpe ("la peor de todas", "un rústico borrón"). Esta aparente sumisión no es debilidad, sino una estrategia de inversión retórica. Al proclamar su absoluta pequeñez, desarma los ataques directos de la jerarquía eclesiástica y resalta con más fuerza la injusticia de que se le ataque a ella —una mujer aislada en un convento— por cultivar el intelecto.
El derecho al silencio y la limitación de la autoridad sobre la conciencia
Uno de los puntos más agudos de su defensa gira en torno a los límites de la censura externa y la libertad de conciencia. El argumento expresado es que, aunque obedece a sus prelados en lo externo y acepta no escribir públicamente sobre materias sagradas, sostiene que el entendimiento y el pensamiento son libres e inviolables. Nadie puede mandar sobre el pensamiento ajeno afirmó sor Juana Inés que "la inteligencia no se manda", porque las operaciones del alma pertenecen únicamente a Dios.
La represión en el ocaso de la vida de Sor Juana
El ocaso de la vida de Sor Juana estuvo marcado por el conflicto con el poder eclesiástico y la fuerte represión de sus superiores (como el arzobispo Francisco Aguiar y Seijas y el obispo Manuel Fernández de Santa Cruz). Su forzada "renuncia" al saber —que incluyó la venta de su biblioteca y de sus instrumentos científicos— ilustra el choque histórico entre el dogmatismo institucional y la libertad de pensamiento, un dilema central en la posterior construcción de los Estados laicos.
Nadie puede mandar sobre el pensamiento ajeno: Sor Juana Inés de la Cruz
Esta frase resume con extraordinaria fuerza el núcleo de la defensa que Sor Juana hace de su libertad intelectual frente al dogma y a la censura de su época. En una sociedad virreinal donde el poder civil y eclesiástico controlaba estrictamente la ortodoxia, las publicaciones y las conductas -especialmente las de las mujeres dentro de un convento-, Sor Juana traza una frontera invisible pero infranqueable: el fuero interno del pensamiento. Para ella, aunque las autoridades eclesiásticas pudieran obligarla externamente a guardar silencio, prohibirle escribir o confiscar sus libros, jamás tendrían jurisdicción sobre su intelecto. El pensamiento es un espacio soberano concedido directamente por Dios, donde ningún prelado, ley ni inquisidor puede mandar.
Sor Juana en el imaginario laico de la Cuarta Trasformación.
Con la consolidación del Estado nacional y las Leyes de Reforma en el México decimonónico, figuras como Benito Juárez resignificaron el pasado colonial. En este proceso, Sor Juana fue revalorizada no solo como la máxima poetisa de América, sino como un símbolo de resistencia civil y de la emancipación de la conciencia frente al autoritarismo dogmático, convirtiéndola en un referente de la laicidad cultural e intelectual.
Tres son los principales escritos de Sor Juana Inés de la Cruz asociados a la defensa del derecho al libre ejercicio del intelecto humano, la educación y el pensamiento crítico de las mujeres: 1) Respuesta a Sor Filotea de la Cruz: es el documento clave y fundacional de su pensamiento feminista y de reivindicación femenina. En este documento, Sor Juana defiende con firmeza y argumentos sólidos el derecho de las mujeres a estudiar, adquirir conocimientos y ejercer libremente su intelecto frente a las prohibiciones y censuras de la época; 2) Primero Sueño: su obra cumbre y el poema más complejo que escribió. Representa un viaje al interior de la mente humana y una exploración profunda del ansia insaciable de saber y comprender el universo, reflejando su propia sed de conocimiento científico y filosófico; 3) “Hombres necios que acusáis” (Redondillas): este poema se le conoce como un manifiesto sobre la hipocresía social hacia los roles de género, también cuestiona las contradicciones de juzgar el entendimiento y el comportamiento femenino bajo una doble moral.
Aquí puedes leer Respuesta a Sor Filotea de la Cruz
https://web.seducoahuila.gob.mx/biblioweb/upload/RESPUESTA%20A%20SOR%20FILOTEA.pdf
