5 de mayo, el símbolo que México dejó al mundo.
José Antonio Robledo y Meza
A principios de 1862 México fue invadido por los franceses. Unos meses antes, en junio de 1861, el Congreso mexicano -a iniciativa del presidente Juárez-había declarado la suspensión por un lapso de dos años del pago de la deuda internacional, debido a que la economía del país estaba prácticamente en bancarrota a raíz de la Guerra de Reforma (1857-1860).
Inglaterra, España y Francia protestaron contra la medida que tomó México, pero los dos primeros llegaron a un acuerdo con los diplomáticos mexicanos. En cambio, Napoleón III, gobernante de Francia, vio en esta situación la oportunidad de extender su imperio en América y decidió invadir México. En abril de 1862 los franceses emprendieron -desde Córdoba, Veracruz- la campaña militar hacia el centro de la República. La primera batalla importante tuvo lugar en Acultzingo (Batalla de Las Cumbres), en el límite de los Estados de Veracruz y Puebla. Tuvo lugar el 28 de abril de 1862 durante la Segunda Intervención Francesa en México, entre el ejército mexicano y el expedicionario francés. El combate se lleva a cabo en virtud de que los franceses, careciendo ya del apoyo de España e Inglaterra, miembros de la Triple Alianza, pues sus contingentes ya se habían retirado ante la hábil diplomacia mexicana, decidieron emprender la ocupación de México y no limitarse a la costa del golfo.
Más adelante se desarrolla la famosa batalla del cinco de mayo de 1862 la que es presentada en la Oración Cívica de Gabino Barreda como un símbolo de la emancipación de México, que destaca la utopía mexicana de la plena emancipación: la emancipación científica, la emancipación religiosa y la emancipación política de México. Para Barreda el combate que libraron los mexicanos fue, no sólo para salvar a su patria sino el porvenir de toda la humanidad: “¡salvar a su patria y salvar con ella unas instituciones que un audaz extranjero quería destruir y que contenían en sí todo el porvenir de la humanidad!” De esta manera Barreda asegura la visión heroica de la victoria sobre los invasores. La salvación de México fue proyectada por Barreda como el inicio de un inmejorable porvenir para toda la humanidad. Con esto quedaba asegurado el carácter cosmológico de la narrativa liberal. El triunfo de la batalla de Puebla fue un logro inmenso para México; enorme fue el impacto moral de este triunfo: el pueblo vio que el extranjero no era invencible.
Este cinco de mayo del 2026 nuevamente desde el extranjero se quiere poner a prueba la convicción del pueblo mexicano de concebirse como un agente histórico en la construcción de un mejor porvenir para la humanidad. Los apátridas quieren convencer con su discurso de que frente tenemos un enemigo invencible ante el cual hay que ceder la soberanía.
Frente a la conducta apátrida de algunos, la mayoría de los mexicanos nuevamente saldremos adelante impulsando los principios políticos de la soberanía, la igualdad y la justicia social a la par de promover los valores de emancipación, libertad, paz y patriotismo y, al mismo tiempo, rechazar los disvalores de la opresión, la traición, la discriminación y el racismo. Nuevamente en México surgen fuerzas en la defensa de la república frente a quienes quieren impulsar el establecimiento de una monarquía impulsada por las tiranías de nuevo cuño.
Es en la lucha por la unidad nacional, en la que los mexicanos despliegan su ejemplaridad, derrotando a quienes en su condición degradada y apoyándose en la calumnia y la maledicencia están dispuestos a la sujeción de otra potencia. Al igual que Juárez en el pasado, Claudia Sheinbaum representa hoy día la autoridad ejecutiva de la república mexicana que representa la decisión de la mayoría de los mexicanos por continuar con la cuarta trasformación.
Ayer la agresión venía de Francia, hoy procede de los Estados Unidos, pero en los dos momentos se levantó una voz poderosa. El 5 de mayo fue el servicio que México brindó a las repúblicas, el símbolo que México dejó al mundo.