A la memoria de un poeta andaluz


José Antonio Robledo y Meza


Este artículo lo comienzo con un famoso madrigal:


Ojos claros, serenos,
si de un dulce mirar sois alabados,
¿por qué, si me miráis, miráis airados?

Si cuanto más piadosos,
más bellos parecéis a aquél que os mira,
no me miréis con ira,
porque no parezcáis menos hermosos.

¡Ay, tormentos rabiosos!
Ojos claros, serenos,
ya que así me miráis, miradme al menos.

El autor del madrigal anterior fue el poeta Gutierre de Cetina, poeta andaluz nacido en 1520 en Sevilla y que murió cerca de 1554-57. Fue hijo primogénito de Beltrán de Cetina y de su esposa Francisca del Castillo. Gutierre tuvo cinco hermanas y tres hermanos. Como en su tiempo el uso de los apellidos era de todo punto caprichoso, de los nueve hermanos sólo tres, Gutierre, Beltrán y Leonor, llevaron el de Cetina; Mencía usó el de su abuela paterna, Mencía de Alcocer; los restantes se llamaron “del Castillo. Sensatas consideraciones llevaron a don Narciso Alonso de Cortés (1875-1972) a suponerle nacido hacia 1510, “más bien antes que después”.


Se cree que Gutierre de Cetina vino a México a principios de 1547, acompañando al Procurador General de la Nueva España, Gonzalo López, casado con Antonia del Castillo, hermana de la madre del poeta; el 21 de septiembre de 1546 se le había otorgado permiso a López para hacer el viaje con dos sobrinos suyos. Ya en 1535 habían venido tres: García, Beltrán y Andrés. Después vino Gregorio. Se supone que Gutierre, volvió a España en 1548. Tuvo amistad con destacados personajes: el Duque de Sessa, el poeta Baltasar del Alcázar -el de la Cena jocosa-, el virrey de Nápoles, don Diego Hurtado de Mendoza, supuesto autor del Lazarillo de Tormes.


De Gutierre de Cetina dijo el polígrafo colombiano don Miguel Antonio Caro (1843-1909) que, “es el Homero del madrigal español, no porque hiciese muchos, sino porque nos dejó uno perfectísimo”. En verdad, acertó a dar con él voz armoniosa a una queja que ha resonado en innumerables corazones, desque hay enamorados y esquivas. Su gloria es legítima y perdurable.


Hacia 1554 Gutierre de Cetina volvió a la Nueva España con su tío Gonzalo López, quien era contador general. Allí se enamoró nuevamente, esta vez de la joven mujer casada Leonor de Osma, y bajo su ventana en Puebla de los Ángeles fue herido de muerte en 1554 por un rival celoso, Hernando de Nava, quien poseía una mitad de encomienda en Ixtacamaxtitlán y era hijo de Catalina Vélez Rascón de Guevara (apodada la Rascona) y Bartolomé Hernández de Nava, conquistador español y regidor de Puebla.


No deja de ser significativo que se ignore la fecha, el lugar y circunstancias del fallecimiento de Gutierre de Cetina. Algunos señalan que murió por las heridas que sufrió de manos de Hernando Nava el 1 de abril de 1554 en la ciudad de Puebla. El motivo: los celos. ¿La dama en juego?: doña Leonor de Osuna. La escena del crimen: la calle que actualmente se denomina 5 de mayo a un lado del templo de santo Domingo. La información de todo lo anterior la encontró Don Francisco Rodríguez Marín (1855-1943) en 1905, que dio con el proceso seguido en Puebla y la Audiencia de México contra Hernando de Nava responsable de las heridas al poeta Gutierre de Cetina. El poeta fue herido de dos cuchilladas en la cara por Hernando, quien lo confundió -al menos, eso dijo- con su rival en amores, Francisco de Peralta. El archivo fuente se encontraba en el Archivo General de Indias, de Sevilla. Don Francisco A. de Icaza (1863-1925) reprodujo las principales actuaciones en su libro intitulado Sucesos reales que parecen imaginarios, de Gutierre de Cetina, Juan de la Cueva y Mateo Alemán.


Los historiadores de la literatura española discrepan de lo relativo a la muerte de Gutierre de Cetina. Algunos como don Ángel Lacalle (1901-1971), fija en 1557 la fecha. A la fecha de 1556 se atiene don Ernesto Merimée (1846-1924). Don Juan Hurtado (1875-1944) y don Ángel González Palencia (1889-1949), en su Historia, ponen un prudente signo de interrogación junto a la cifra 1557; otro Fitzmaurice-Kelly (1858-1923) pone el año de 1554. Francisco Rodríguez Marín (1855-1943) opina que, murió “antes de mediar el año 1557”, basado en la petición de indulto de Gonzalo Galeoto, de la que fue dada cuenta a la Audiencia de México el 5 de junio de 1557; el cómplice de Hernando de Nava le menciona así: “Gutierre de Cetina, difunto”.


¿Falleció de resultas de sus heridas? Es muy probable, más que por la gravedad de ellas, por la septicemia que pudo producirle el lodo donde cayó al ser herido, cuando no se la produjese la estopa y los huevos batidos que le aplicaron a modo de “curaciones”. Esta hipótesis no explicaría lo que Francisco Pacheco (1564-1644) escribió años después en su Libro de descripción de verdaderos retratos de ilustres y memorables varones: “Últimamente de su muerte hay diferentes opiniones, pero la más cierta es -¡oh, infelicidad humana!- que se acostó bueno y amaneció muerto, sin saber de qué ocasión, a los cuarenta años de su edad, el de 1560”.



Placa en memoria del poeta Gutierre de Cetina, calle peatonal 5 de Mayo, entre las calles 4 y 8 poniente de Puebla, México