¿Amor o amores? ¿Puede existir el amor racional?
José Antonio Robledo y Meza
Según la IA (Gemini) el amor es un conjunto complejo de emociones, sentimientos, comportamientos y actitudes asociados con un profundo afecto, apego, protección y compromiso hacia otra persona, ser o entidad.
Algo destaca de lo dicho anteriormente, el amor define cuatro cosas: la persona que ama (amante), la relación de amor, la persona o entidad amada y, finalmente, el contexto en el cual que se da la relación. En correspondencia a la relación de amor entre personas esta puede ser atendida o no; por ejemplo, Juan ama a María, pero María tiene la opción de corresponderle o no. De aquí surgen varias preguntas: ¿por qué Juan ama a María? ¿Cómo reacciona María frente al amor de Juan, le corresponde o no? ¿En qué contexto cultural se pretende la relación amorosa?
¿Qué nos informan las disciplinas acerca del amor?
Según la biología y la ciencia, el amor es resultado de un proceso neuroquímico impulsado por hormonas y neurotransmisores (como la oxitocina, la dopamina y la serotonina) que motivan la vinculación afectiva, la atracción y la preservación de la especie.
De acuerdo a la psicología el amor implica un estado emocional y relacional que abarca la intimidad (conexión y confianza), la pasión (atracción e impulso) y el compromiso (la decisión de mantener el vínculo a lo largo del tiempo).
Varios filósofos, por ejemplo Platón o Erich Fromm, lo conciben como una fuerza, virtud o búsqueda de la belleza, de la verdad y del bienestar del otro, variando desde el afecto fraternal hasta el deseo y la contemplación desinteresada.
En términos de las formas de experimentar el amor podemos mencionar los siguientes: el amor propio (el respeto, la aceptación y el cuidado hacia uno mismo), el amor romántico (caracterizado por la atracción, la pasión y la búsqueda de complicidad en pareja), el amor filial o familiar (el vínculo afectivo que une a miembros de una familia), el amor fraterno o amistad (basado en la lealtad, la confianza y el afecto recíproco sin interés romántico), el amor compasivo o altruista (la empatía y el deseo desinteresado de ayudar a los demás).
Por lo dicho podemos concluir que existen varios tipos de amor, no existe una sola forma de amor sino varias.
El amor y la sociología
Si junto con lo anterior consideramos lo planteado por Max Weber en sus obras La Ética Protestante Y El Espíritu Del Capitalismo y Economía y Sociedad, nos podemos preguntar si existe el amor racional. Veamos si esto es posible.
¿Cómo puede ayudarnos la sociología a comprender mejor las relaciones amorosas? Como sabemos la sociología estudia la sociedad humana, sus estructuras, instituciones y los fenómenos que ocurren en ella. Su objetivo principal es analizar cómo las interacciones sociales, las relaciones entre personas y las normas culturales influyen en el comportamiento individual y colectivo. Si el amor es un tipo de relación social y habiendo varias posibilidades de amar ¿existe la posibilidad del amor racional?
Para saber científicamente en qué consisten los amores de Juan hacia otras personas o entidades sería necesario estudiar las interacciones diarias cara a cara entre Juan y todas esas personas o entidades (por ejemplo, su madre, su esposa e hijos, sus mascotas, su automóvil, al estudio, etc.). No es objetivo de este artículo hacer un análisis de microsociología. Solo mencionaremos que el amor de Juan hacia personas y entidades se ve afectado por el sistema sociocultural, las instituciones y procesos sociales en las que se enmarca el amor.
El análisis que aquí desarrollaremos sobre la posibilidad de un amor racional será conceptual y descansará sobre dos de los conceptos más utilizados en sociología: la racionalidad y los procesos de racionalización. Para Max Weber, la racionalidad se inscribe en el de acción social. La acción social es toda aquella que tiene un sentido para quienes la realizan y afecta a otros. El sociólogo alemán distingue cuatro formas de acción social:
1) Tradicional o basada en las costumbres. Acciones guiadas por principios, normas, hábitos en los cuales el componente racional es prácticamente insignificante.
2) Afectiva o emocional. De carácter principalmente irracional, se encuentra guiada por emociones como el amor, odio, etc.
3) Racional con arreglo a valores. Es decir, además de perseguir un fin racional están guiadas por principios o normas morales. La racionalidad con arreglo a valores sigue implicando el momento de la colectividad (tradiciones y costumbres) y se corresponde con formaciones intelectuales tales como la religión, la ideología o la ética (determinada por la creencia en el valor religioso, ético o de cualquier otro y determinada conducta, sin relación alguna con el resultado). Cuando la razón subjetiva es autoconsciente de sus fines individuales, la realidad deviene instrumental; es el momento de la acción racional con arreglo a fines, en la que su forma teórica es la ciencia, susceptible de aplicación tecnológica, y
4) Acciones destinadas a conseguir un fin racional. Este tipo de acción también es llamado instrumental. Según Weber, son las acciones destinadas a conseguir un fin determinado mediante una evaluación metódica y reflexiva corresponden a la acción racional con arreglo a fines. En este tipo de acción social, el individuo sopesa conscientemente tres elementos principales: los medios, esto es, los instrumentos y recursos más adecuados para alcanzar el objetivo. Los fines que son las metas específicas que se desean lograr y en tercer lugar, las consecuencias secundarias, esto es, los efectos derivados que pueden suceder tras la ejecución de la acción. Dos son las características clave: el cálculo y previsión (el actor analiza la relación entre los costos, beneficios y riesgos para elegir el camino más eficiente) y la neutralidad valorativa sobre el fin, esto es no persigue necesariamente una convicción moral o ideológica, sino el resultado práctico. Por ejemplo, Juan diseña un plan para irse ganando, diario a diario, la confianza el amor de María con acciones diarias con horarios fijos, seleccionando acciones específicas con el objetivo explícito de que María acepte casarse con él. Este tipo de amor instrumental se adecúa del mejor modo posible a los fines sin atender ni a principios ni a consecuencias perversas. Esta “racionalización” del amor hace referencia al modo en que las sociedades han venido siendo sometidas a un proceso de ordenamiento y sistematización, con el objetivo de hacer predecible y controlable la vida del hombre. Este proceso se hace manifiesto en por lo menos tres ámbitos de la vida humana: a 1) nivel de las imágenes del mundo en las que se ha venido produciendo lo que Max Weber llamó una “desmitificación de la vida”, es decir, una creciente “secularización” de las creencias y los valores; a 2) nivel de la acción colectiva, en donde la política, la economía, el derecho y demás instituciones de la vida pública se han convertido en organizaciones tecnocráticas; y a 3) nivel de la acción individual, en donde el estilo de vida personal se orienta de acuerdo a patrones funcionales de producción y consumo.
En conclusión, en cuanto a la pregunta de si existe un amor racional nuestra respuesta es afirmativa, aunque debemos reconocer que el amor racional instrumental es cada vez más frecuente en las sociedades modernas frente a otras formas de amor que todavía subsisten y que llamaríamos amor de racionalidad sustancial porque responde a ciertos principios o convicciones morales.