Baruch Spinoza y su contribución al pensamiento crítico, secular y laico
José Antonio Robledo y Meza
Baruch Spinoza (Ámsterdam, 24 de noviembre de 1632-La Haya, 21 de febrero de 1677) fue un filósofo neerlandés de origen sefardí. Spinoza adoptó el nombre latino de Benedictus, simbolizando su renacimiento filosófico, y estableció conexiones con círculos intelectuales cristianos liberales, particularmente con los colegiantes y mennonitas, grupos que valoraban la libertad de conciencia y el examen racional de las Escrituras. Estas asociaciones le proporcionaron el ambiente intelectual necesario para desarrollar su sistema filosófico.
El 27 de julio de 1656 constituye una fecha cardinal en la historia del pensamiento occidental. Ese día, la comunidad judía sefardí de Ámsterdam pronunció contra Baruch Spinoza el cherem (una especie de prohibición, rechazo, ostracismo o expulsión) más severo registrado en sus archivos, una excomunión que trasciende el mero ostracismo religioso para convertirse en un acto fundacional de la modernidad filosófica. Spinoza contaba con apenas veintitrés años. El proceso que condujo a la excomunión había seguido los procedimientos halájicos establecidos. La halajá es el conjunto normativo que regula la vida religiosa y la vida cotidiana dentro del judaísmo.
La ceremonia de excomunión, celebrada en la sinagoga portuguesa de Ámsterdam, resonó con palabras que han perdurado siglos. El anatema en cuestión fue escrito en portugués originalmente, la traducción del texto es la siguiente:
“Los dirigentes de la comunidad ponen en su conocimiento que desde hace mucho tenían noticia de las equivocadas opiniones y errónea conducta de Baruch de Spinoza y por diversos medios y advertencias han tratado de apartarlo del mal camino. Como no obtuvieran ningún resultado y como, por el contrario, las horribles herejías que practicaba y enseñaba, lo mismo que su inaudita conducta fueron en aumento, resolvieron de acuerdo con el rabino, en presencia de testigos fehacientes y del nombrado Spinoza, que éste fuera excomulgado y expulsado del pueblo de Israel, según el siguiente decreto de excomunión: Por la decisión de los ángeles, y el juicio de los santos, excomulgamos, expulsamos, execramos y maldecimos a Baruch de Spinoza, con la aprobación del Santo Dios y de toda esta Santa comunidad, ante los Santos Libros de la Ley con sus 613 prescripciones, con la excomunión con que Josué excomulgó a Jericó, con la maldición con que Eliseo maldijo a sus hijos y con todas las execraciones escritas en la Ley. Maldito sea de día y maldito sea de noche; maldito sea cuando se acuesta y maldito sea cuando se levanta; maldito sea cuando sale y maldito sea cuando regresa. Que el Señor no lo perdone. Que la cólera y el enojo del Señor se desaten contra este hombre y arrojen sobre él todas las maldiciones escritas en el Libro de la Ley. El Señor borrará su nombre bajo los cielos y lo expulsará de todas las tribus de Israel abandonándolo al Maligno con todas las maldiciones del cielo escritas en el Libro de la Ley. Pero ustedes, que son fieles al Señor vuestro Dios, vivid en paz. Ordenamos que nadie mantenga con él comunicación oral o escrita, que nadie le preste ningún favor, que nadie permanezca con él bajo el mismo techo o a menos de cuatro yardas, que nadie lea nada escrito o trascripto por él."
El cherem contra Spinoza en el Libro de los acuerdos de la Nación.
Según los registros comunitarios, se ofrecieron a Spinoza múltiples oportunidades de retractación, incluyendo una propuesta económica de 1000 florines anuales a cambio de su silencio público. Las consecuencias inmediatas de la excomunión fueron devastadoras para la situación personal de Spinoza. Su familia se vio obligada a romper relaciones con él, perdió su participación en el negocio familiar y se encontró socialmente aislado dentro de la comunidad judía.
La excomunión de Spinoza no fue solo un castigo religioso, sino un grito contra la intolerancia y un acto de afirmación de la libertad de pensamiento. Expulsado por cuestionar los dogmas, Spinoza sembró ideas que cambiarían la historia de la filosofía. Las ideas representaban una ruptura epistemológica fundamental. Spinoza cuestionaba la historicidad literal de los relatos bíblicos, aplicando métodos de crítica textual que anticipaban la exégesis moderna. Su rechazo de la inmortalidad personal del alma contradecía uno de los pilares del judaísmo rabínico, mientras que su concepción de un Dios inmanente eliminaba la transcendencia divina tradicional. Estas posiciones no constituían meras especulaciones académicas, sino que socavaban los fundamentos de la autoridad religiosa y la cohesión comunitaria.
El contexto histórico de esta excomunión revela las tensiones de una comunidad en transición. Los judíos sefardíes de Ámsterdam, descendientes de conversos ibéricos que habían huido de la Inquisición, habían encontrado en los Países Bajos un refugio de tolerancia relativa. Esta libertad venía acompañada de una necesidad imperiosa de mantener la cohesión comunitaria y la ortodoxia religiosa. La presencia de individuos como Juan de Prado y Daniel Ribera, previamente expulsados por herejía, había creado un clima de vigilancia teológica que haría inevitable el conflicto con el joven Spinoza.
La obra de Spinoza, Ética demostrada según el orden geométrico, representa la culminación de su ruptura con la tradición. Publicada póstumamente en 1677, esta obra reformula radicalmente conceptos fundamentales de la filosofía occidental. Su identificación de Deus sive Natura (Dios o la Naturaleza) elimina la distinción tradicional entre creador y creación, estableciendo un monismo sustancial que influyó profundamente en el desarrollo del pensamiento moderno. La metodología geométrica empleada por Spinoza es una expresión de su convicción de que la realidad posee una estructura racional comprehensible. Sus demostraciones, construidas “al modo geométrico”, buscan revelar las conexiones causales necesarias que gobiernan tanto la naturaleza física como la experiencia humana.
La concepción spinoziana de la libertad humana emerge como una de sus contribuciones más originales. Rechazando tanto el libre albedrío libertario como el determinismo fatalista, Spinoza propone una libertad basada en la comprensión. Ser libre, según su formulación, no significa actuar sin causas, sino comprender las causas que nos determinan y actuar en consonancia con nuestra naturaleza racional. Esta posición anticipa desarrollos posteriores en la filosofía de la acción y la psicología moral. Su concepción de la inmanencia divina prefigura desarrollos en la filosofía de la religión, mientras que su análisis de las pasiones humanas anticipa la psicología moderna.
El caso de Spinoza ilustra los dilemas enfrentados por las comunidades religiosas ante el avance del pensamiento crítico y la secularización. Las ideas de Spinoza contribuyeron a la formación de una cultura intelectual secular. La excomunión de Spinoza representa un momento paradigmático en la historia del pensamiento occidental, ilustrando tanto los límites de la tolerancia religiosa como el poder transformador de la libertad intelectual y la formación laica de los ciudadanos.
El precio pagado por Spinoza —ostracismo social, aislamiento personal, precariedad económica— La excomunión que pretendía silenciarlo paradójicamente contribuyó a amplificar su influencia histórica.
Para profundizar en el pensamiento de Spinoza leer:
Spinoza, Baruch. Ética demostrada según el orden geométrico.