¿De dónde venimos? Evolución versus creación.


José Antonio Robledo y Meza


Dos preguntas nos interesa responder ¿Hay una naturaleza humana? Habiéndola, ¿podemos deducir de ella las normas humanas?


Existe consenso en que el hombre moderno, Homo sapiens sapiens, derivó hace dos millones de años de dos especies Homo habilis y Homo ergaster quienes procedían del género Homo erectus en África quien a su vez procedía de los australopitecos. Es así que ya en el Plioceno, hace unos 4 millones de años, nos topamos con el primer género bien conocido de homininos, los australopitecos. En el tránsito del Mioceno al Plioceno, nuestros ancestros bajaron de los árboles y pasaron de ser cuadrúpedos arborícolas a ser bípedos terrestres. Así los homininos (Hominini) somos los descendientes de aquellos homínidos que bajaron de los árboles y adoptaron la postura erguida y la marcha bípeda que todavía nos caracterizan.


Junto a lo anterior debemos admitir la tesis según la cual todas las especies tienen la naturaleza que les supone su genoma y que los humanos somos cosas, y no relaciones ni accidentes. ¿Cuáles son las contingencias que todos nuestros antecesores tuvieron que superar y que trajeron como consecuencia la llamada “naturaleza humana”? Los procesos que hicieron posible la naturaleza humana son los siguientes: la marcha bípeda, el desarrollo en las manos de la pinza de precisión y el crecimiento del tamaño del cerebro con su córtex prefrontal genéticamente programado para ese cierto margen de indeterminación que llamamos libertad; esta indeterminación parcial de la conducta humana tiene como correlato el dolor, capacidad que aporta a la supervivencia y a la eficacia biológica. Destacan al final de estos procesos dos emociones morales básicas: el amor a uno mismo y la compasión por los demás.


Lo anterior nos obliga a dilucidar qué aspectos de la vida social son por naturaleza y cuáles son por convención y entre éstas cuáles son convenciones voluntarias y cuáles forzosas; finalmente, la indispensable distinción entre moral y ética.


Partamos de las cuatro siguientes proposiciones: 1) todas las especies tienen una naturaleza, plasmada en su genoma, y que la especie humana no es una excepción; 2) los humanos somos cosas, y no relaciones ni accidentes; 3) los humanos somos sistemas físicos, compuestos de átomos y sometidos a las mismas leyes físicas que el resto del universo; 4) entre los sistemas físicos, los humanos somos seres vivos, animales y primates.


Los seres vivos somos las únicas entidades del universo que llevamos dentro de nosotros mismos una descripción de lo que somos, codificada en nuestro genoma. El genoma humano no describe los detalles cambiantes de nuestra biografía personal, sino los rasgos permanentes y compartidos que constituyen nuestra naturaleza; no incluye la lengua concreta que hablemos, pero sí la capacidad lingüística genérica. Somos lo que fuimos. Nuestro genoma refleja nuestra filogenia. Aquí destacamos una pregunta, ¿qué ocurrió para que nos transformásemos en homininos? Para comenzar, tuvimos que bajar de las copas de los árboles.


Así, en el tránsito del Mioceno al Plioceno, nuestros ancestros bajaron de los árboles y pasaron de ser cuadrúpedos arborícolas a ser bípedos terrestres. Importante resultado fue la adaptación de nuestras patas delanteras hasta dar lugar a esos versátiles instrumentos de precisión que son nuestras manos. La mano acortada y perfeccionada fue aprovechada por los Homo para el desarrollo de las primeras industrias líticas. Tanto el adjetivo “hábil” en Homo habilis como el “artesano” o ergaster en Homo ergaster se refieren a la habilidad de producir instrumentos líticos. Para poder tallar piedras a mano alzada se necesita (1) una visión estereoscópica, que permita calcular bien los golpes; (2) una mano con pulgar oponible capaz de moverse en todas las direcciones y de efectuar la pinza de precisión; y (3) un cerebro idóneo para coordinar los datos de la vista con los movimientos de la mano y con el plan del autor.


Los humanos efectuamos constantemente la pinza de precisión para agarrar todo tipo de objetos; incluso utilizamos la pinza de tres dedos para escribir con bolígrafo, pintar con pincel, manejar el destornillador o comer con palillos. El papel de la mano es ubicuo en nuestra vida, para lavarnos, para vestirnos, para comer, para acariciar, para “meter mano”, para levantar y mover todo tipo de objetos, para escribir a mano o en el teclado de la computadora, para manejar aparatos, máquinas y herramientas, para pintar, esculpir o coser, para tocar el piano o la guitarra. Incluso la mano puede asumir el papel lingüístico de la boca, como ocurre en los sordomudos.


Género humano y cerebro


El origen del género humano (Homo) se sitúa en África, hace unos 2,5 millones de años, al comienzo del Pleistoceno, y su evolución abarca todo este largo periodo de glaciaciones recurrentes que ha durado casi hasta nuestros días. Hace 7 millones de años, nuestros ancestros eran los mismos que los de los chimpancés actuales. Sin embargo, ahora chimpancés y humanos somos diferentes. ¿Cómo se forjó esa diferencia, en qué cambió la naturaleza humana, para que llegáramos a ser lo que ahora somos? El proceso lo acabamos de describir: 1) postura erguida, 2) mano habilidosa y 3) cerebro grande que condujo al 4) desarrollo de diversas técnicas, 5) trasmitidas culturalmente, que permitían 6) la fabricación y el uso de instrumentos de madera, fibra, hueso y piedra cada vez más eficientes.


El lenguaje y la naturaleza humana


Hace 40.000 años, diversas especies del género humano habitaban a la vez el planeta Tierra. Actualmente, la más notable diferencia entre los humanos y el resto de los homínidos vivientes estriba en el lenguaje recursivo, que permite formar una infinidad potencial de mensajes distintos y que solo nosotros poseemos.


Por lo dicho, la naturaleza humana incluye un cerebro plástico y complejo, cuyo córtex prefrontal coordina y controla la conducta del individuo en función de la información que recibe del entorno, orientándose tanto por sus propias emociones y preferencias congénitas como por las normas culturales adquiridas y por sus eventuales razonamientos.


¿Cómo es que los humanos elaboramos normas culturales y razonamos?


Estas preguntas las responderemos en una próxima colaboración.