Del Leviatán de Hobbes al Humanismo Mexicano. Primera parte.
José Antonio Robledo y Meza
375 años han trascurrido desde la publicación del Leviatán a año 2026, octavo año del proceso conocido como 4T. ¿Cuáles son las trasformaciones más significativas realizadas en el marco de las teorías del Estado entre estos momentos históricos? En este artículo daremos de manera resumida la teoría formulada por Hobbes en el Leviatán para, en una segunda parte exponer, de manera resumida, la teoría esbozada en el proyecto de la 4T. Terminaremos con un breve estudio comparativo entre los resultados obtenidos en las dos colaboraciones anteriores.
En 1651 Thomas Hobbes publica el libro Leviatán su libro más conocido. En la primera edición Hobbes decide incluir la pintura - hecho por él mismo (de 24 X 15.5 cm de ancho)- de un rey compuesto de hombres. En la imagen de abajo se reproduce el Leviatán modelado como hombre, gigantesca figura armada con corona, un cetro en su mano izquierda y una espada en su mano derecha, las insignias de la soberanía del poder político y espiritual, que subordina por un lado al ejército y a los poderes civiles, y por otro lado a la Iglesia. De esta manera el Leviatán representa la forma y el poder de un Estado eclesiástico y civil.

La corona del Leviatán simboliza la soberanía del Estado; la espada sostenida en la mano derecha simboliza su poder político que triunfa sobre las guerras de las armas descritas en la columna de la izquierda con cinco pictogramas con 1) fortaleza, 2) cañones, 3) mosquetes, 4) banderas y tambores y 5) una batalla con infantería y caballería; el báculo sostenido en la mano izquierda simboliza el poder espiritual del Estado, que triunfa sobre la guerra civil de las palabras, descrita en la columna derecha con cinco pictogramas: 1) la Iglesia, 2) mitra obispal, 3) anatemas, 4) las armas lógicas para las disputas de teólogos y filósofos y 5) un concilio religioso.
Entre ambas columnas, directamente bajo el Leviatán, cuyo poder sobre la tierra no tiene comparación, se encuentra el título del libro “Leviathan or the Matter, Forme, and Power of a Common - Wealth Ecclesisticall and Civil. By Thomas Hobbes of Malmesbury” (Leviatán o la materia, forma y poder de una comunidad eclesiástica y civil. Por Thomas Hobbes de Malmesbur). London, Printed for Andrew Crooke, 1651.
Leviatán es el Estado omnipotente. Formado mediante el contrato social por la voluntad de cada uno de los súbditos fundando y garantizando la paz, cubre bajo sus brazos desplegados los paisajes con sus ciudades y aldeas y el mar transitado por naves comerciales en el fondo.
El título del libro hace referencia al monstruo bíblico Leviatán, que posee un poder descomunal y descrito en el libro de Job (cap. 41, vers. 25) donde se describe al Leviatán como un animal marino que domina los mares y que se representa como una enorme ballena, un pez gigante y dentado, un cocodrilo, un dragón o un animal de cuello largo que emerge de los mares. A diferencia de la descripción de Job, Thomas Hobbes decidió representar al Leviatán en un hombre.
La doctrina de derecho moderno
En este libro -el Leviatán-, Hobbes establece su doctrina de derecho moderno como la base de las sociedades y de los gobiernos legítimos. Se ha dicho que el trabajo de Hobbes justifica filosóficamente la existencia del autoritarismo estatal. Dos son, en opinión de Hobbes, “los postulados ciertísimos de la naturaleza humana” de los cuales procede toda la ciencia política:
1) La avidez natural por la que cada uno pretende gozar‚ solo de los bienes comunes.
2) La razón natural por la cual cada uno huye de la muerte violenta como el peor de los males naturales.
El primero excluye que el hombre sea por naturaleza un “animal politico”. Hobbes nos está negando la existencia de un amor natural del hombre hacia su semejante. “Toda asociación espontánea nace o de la necesidad recíproca o de la ambición, pero nunca del amor o de la benevolencia hacia los demás”. En consecuencia, para Hobbes no es esta benevolencia el origen de las sociedades más grandes y duraderas, sino sólo el temor recíproco.
La causa de este temor es, en primer lugar, la igualdad de naturaleza entre los hombres, para lo cual todos desean la misma cosa, o sea, el uso exclusivo de los bienes comunes. En segundo lugar, es la voluntad de dañarse mutuamente e incluso el antagonismo que deriva del contraste de las opiniones y de la insuficiencia del bien. El derecho de todos sobre todos y la voluntad natural de perjudicarse mutuamente obran de tal manera que el Estado de naturaleza sea un estado de guerra incesante de todos contra todos. En este Estado, no hay nada justo: la noción de lo derecho y lo torcido, de la justicia y de la injusticia, nace donde hay una ley y la ley nace donde hay un poder común: donde no hay ni ley ni poder falta la posibilidad de la distinción entre lo justo y lo injusto. Cada uno tiene derecho sobre todo, “cada uno es movido a desear lo que es bueno para él y a huir de lo malo para él, pero sobre todo, a huir del mayor de todos los males naturales que es la muerte”.
Por tanto, las normas fundamentales del derecho natural van dirigidas, según Hobbes, a librar al hombre del juego espontáneo y autodestructivo de los instintos y a imponerle una disciplina que le procure una seguridad, y la posibilidad de dedicarse a las actividades que hacen fácil su vida. La primera norma, en consecuencia, es: “Buscar y conseguir la paz en cuanto se tiene la esperanza de obtenerla; y cuando no se puede obtenerla, buscar y usar todos los auxilios y ventajas de la guerra”. De esta ley fundamental derivan todas las demás, la primera de las cuales es: “El hombre espontáneamente, cuando los demás también lo hagan y en la medida que lo juzgué necesario para la paz y para su defensa, debe renunciar a su derecho sobre todo y contentarse con tener tanta libertad con respecto a los demás cuanta el mismo les reconoce a los otros respecto de sí”. A los hombres les toca formular en pactos entre sí con los cuales renuncian a su derecho originario o lo transfieren a personas determinadas.
Hobbes, al escribir sobre el Estado, nos dice que hay un acto fundamental que señala el paso del estado de naturaleza al estado civil. Ese acto es un contrato por el cual los hombres renuncian al derecho ilimitado del estado de naturaleza y lo transfieren a otros. Sólo cuando cada uno de los hombres somete su voluntad a un solo hombre o a una sola asamblea y se obliga a no hacer resistencia al individuo o a la asamblea a la que se ha sometido, se logra una defensa estable de paz y de los pactos de reciprocidad en que la misma consiste. Cuando se efectúa esta transferencia, se produce el estado o sociedad civil. Por tanto, puede decirse que el Estado es “la única persona cuya voluntad, en virtud de los pactos estipulados recíprocamente, se debe considerar la voluntad de dichos individuos: de ahí que pueda servirse de las fuerzas y de los bienes de cada uno de los individuos para la paz y al defensa común”.
Una teoría absolutista del autoritarismo estatal
La teoría de Hobbes acerca del Estado es una teoría absolutista ya que él insiste en la irreversibilidad del pacto fundamental. Una vez constituido el Estado los ciudadanos no pueden disolverlo negándole su consentimiento: porque el derecho del Estado nace de los pactos de los súbditos entre sí y con el Estado, pero no de un pacto entre los súbditos y el Estado, que podría ser revocado por parte de los primeros. Para Hobbes el poder del soberano es indivisible en el sentido de que no puede ser distribuido entre poderes diversos que se limiten mutuamente. La teoría de Hobbes no significa que no ponga límites a la acción del Estado, aunque muy pocos, por ejemplo, el Estado no puede mandar a un hombre que se mate o se hiera a sí mismo. No obstante, el súbdito es libre sólo en lo que el soberano ha dejado de ordenar con las leyes.
Es importante saber que, durante los noventa y un años de la vida de Hobbes, Inglaterra vivió uno de los periodos más cruciales de su historia moderna y esto constituirá una influencia en su identidad política, cuyo resultado será su teoría de Estado que desarrolla en el Leviatán.
Un último comentario: el régimen encabezado por el actual presidente de los USA, Donald Trump, es un claro ejemplo de intento de regreso a un estado absolutista, de autoritarismo estatal y de menosprecio al Estado de derecho.