¿Dónde estamos? Especie humana, lenguaje e Inteligencia Artificial
José Antonio Robledo y Meza
En un artículo anterior (¿De dónde venimos? Evolución versus creación) señalábamos algunas ventajas que tiene la posición erguida o vertical típica de la especie humana: a) permite andar sobre las solas piernas; b) libera los brazos y las manos para, sobre todo, usar herramientas; c) la caza social. Todo ello fue determinante en el proceso de hominización. La caza social alentó el uso de lenguajes.
Dos preguntas nos interesan responder: ¿hay una naturaleza humana?; habiéndola, ¿podemos deducir de ella las normas humanas?
Aproximadamente hace 40.000 años, diversas especies del género humano habitaban a la vez el planeta Tierra: neandertales (Homo neanderthalensis), humanes (H. sapiens), floresienses (H. floresiensis), denisovanos, gente de la cueva del ciervo rojo (en Yunnan, China), etc. Se supone que los humanes ya entonces hablaban, pero no hay seguridad de ello; y menos aún de las otras especies citadas. En cualquier caso, actualmente, la más notable diferencia entre los humanes y el resto de los homínidos vivientes estriba en el uso del lenguaje recursivo, que permite formar una infinidad potencial de mensajes distintos y que solo los humanes poseen.
Una capacidad humana tan específica, compleja y universal como el lenguaje necesariamente tiene que estar codificada en nuestro genoma. El primer éxito en la búsqueda de los genes del lenguaje consistió en la detección del gen FOXP2. Las proteínas FOXP2 del macaco, el gorila y el chimpancé son idénticas entre sí; se diferencian de la del ratón en un aminoácido y de la humana en dos aminoácidos. La proteína humana se diferencia de la del ratón en tres aminoácidos. Las dos diferencias con la proteína de los otros homínidos se produjeron por mutaciones posteriores a la separación del linaje humano del de los chimpancés. Una vez producidas las mutaciones, estas fueron seleccionadas por la evolución y se fijaron en el genoma humano en algún momento de los últimos 250.000 años, coincidiendo con el surgimiento o la expansión de la especie Homo sapiens.
Para Aristóteles el humán es “el animal dotado de lenguaje”; el surgimiento del lenguaje, seguramente como medio de comunicación crecientemente flexible, al servicio de la mejor coordinación de la caza social, fue el paso decisivo en el proceso de hominización. El lenguaje nos sirve no sólo para comunicarnos sino también para pensar, planear y razonar. ¿Qué condiciones corporales deben existir para tener la capacidad de hablar? a) un aparato fonador adecuado, unas cuerdas vocales, una coordinación muscular precisa y un oído adecuado; b) un cerebro programado genéticamente para el aprendizaje y el uso del lenguaje. Por lo dicho, las diferencias entre los humanes y el resto de los animales se reducen al uso del lenguaje.
Siendo el lenguaje un instrumento constituido por palabras con significados (conceptos) cumple con básicamente las funciones de comunicar y comprender. Los lenguajes nos permiten realizar múltiples a) operaciones lingüísticas: hablar, escuchar, entender, escribir, leer, traducir, interpretar, etc.; b) modos lingüísticos: monologando, dialogando, discutiendo, razonando, planeando, etc.; c) actos lingüísticos: describir, preguntar, ordenar, expresar, etc. Operaciones, modos y actos lingüísticos nos permiten realizar la actividad de pensar para producir pensamientos, pero para ello se requiere cubrir ciertos requisitos: lógica y método (metodología).
El lenguaje es un factor de primera importancia en la vida ordinaria, en la ciencia, en la política y en la filosofía. El lenguaje común también llamado lenguaje natural es el lenguaje de la vida ordinaria. Son los lenguajes que se heredan; son las lenguas. Son los que hablamos todos los días. Hablar es parte de nuestra historia natural como pasear, beber o jugar. Es un lenguaje huidizo, difícil de comprender, de aislar, de cercar científicamente. Es un lenguaje promiscuamente lógico-emotivo. Es el lenguaje natural básico que vincula a todos los que hablan una misma lengua y por lo tanto la plataforma en torno a la cual se debe construir y mover cualquier otro lenguaje especial. Es el lenguaje materno, el mínimo común denominador de todos los demás. El lenguaje común es un lenguaje falto por completo de conciencia de sí mismo, que usamos de una manera totalmente irreflexiva. Lo que apareja grandes inconvenientes:
1.- No nos preocupamos de definir las palabras que empleamos; de aquí que todo discurso resulte vago, genérico, y si escapa a los límites de una comunicación elemental, corre el riesgo de generar importantes malentendidos. Sus significados son en general el fruto de experiencias personales extremadamente parciales y circunscritas.
2.- No presta atención al procedimiento demostrativo con el que debe construirse todo discurso (si quiere alcanzar valor demostrativo); la lógica y la sintaxis lógica brillan por su ausencia.
El lenguaje común es acrítico porque adoptamos un instrumento que no conocemos; el lenguaje común no es un lenguaje cognoscitivo.
Virtudes y defectos del lenguaje común.
Entre las primeras están la simplicidad (es el que alcanza la máxima concisión) y vitalidad (es el que expresa nuestra experiencia autobiográfica, personal) y entre los segundos están su reducción, insuficiencia e indefinición; las uniones entre las frases suelen establecerse de una manera arbitraria y hasta cierto punto desordenada, al tiempo que las conclusiones de las argumentaciones se instauran con anterioridad al proceso demostrativo que debería sustentarlas.
El lenguaje común funciona para las comunicaciones que hemos llamado de índole autobiográfica; no se presta para otros usos, y en particular para desarrollos heurísticos. Cuando se trata de examinar problemas de descubrir, de comprender, en suma, de ampliar la empresa cognoscitiva del hombre sobre la realidad, el lenguaje corriente ya no sirve. Sirve para comunicar noticias con toda eficacia, no sirve para resolver problemas. Comunicar es una cosa conocer otra. Discutir es inútil cuando los interlocutores no se entienden porque no tienen cuidado de definir las palabras que utilizan; cuando no poseen un vocabulario suficiente para examinar los problemas en detalle, con adecuada precisión; y, en fin, cuando cada uno argumenta las propias tesis sin unidad de método lógico y cambiando varias veces el criterio demostrativo.
Para terminar, diremos que actualmente se vive el desarrollo de una disciplina y un conjunto de capacidades cognoscitivas e intelectuales expresadas por sistemas informáticos o combinaciones de algoritmos cuyo propósito es la creación de máquinas que imiten la inteligencia humana. Estas tecnologías permiten que las máquinas aprendan de la experiencia, se adapten a nuevas entradas y realicen tareas humanas como el reconocimiento de voz, la toma de decisiones, la traducción de idiomas o la visión por computadora. Estos desarrollos se conocen con el nombre de Inteligencia Artificial (IA).
La IA sintetiza y automatiza tareas que en principio son intelectuales y, por lo tanto, es potencialmente relevante para cualquier ámbito de actividades intelectuales humanas. La IA se encuentra en constante evolución gracias al desarrollo de tecnologías como el aprendizaje profundo, redes neuronales y procesamiento del lenguaje natural, lo cual permite un avance acelerado en su capacidad para resolver problemas complejos. La IA marca el presente humano y apunta hacia el futuro.