Emiliano Zapata esclavo de los principios


José Antonio Robledo y Meza


Contra todo y contra todos sin más baluarte

que la confianza y el apoyo de mi pueblo:

Emiliano Zapata


Emiliano Zapata nacido en Anenecuilco, Morelos en 1879 y asesinado en Chinameca, Morelos el 10 de abril de 1919. En 1906 participó en Cuautla en una junta en la que se planteó la necesidad de defender la tierra de los campesinos morelenses de la voracidad de los hacendados porfiristas. Como represalias, en 1908, se vio forzado a incorporarse al noveno regimiento de Cuernavaca. Esta forma de castigo, a la que se le conocía como leva, era frecuente durante el régimen de Porfirio Díaz.


El 12 de septiembre de 1909 Emiliano Zapata fue elegido presidente de la Junta de Defensa de las Tierras de Anenecuilco. Cuando las fuerzas armadas de los terratenientes acudieron al lugar, encontraron a la gente trabajando pacíficamente la tierra, pero con la carabina al hombro. Ese fue el principal planteamiento de Zapata: defender el derecho del pueblo a la tierra, que significaba el derecho a la existencia misma de las comunidades campesinas. Su insistencia, su intransigencia en este punto, hizo que la voz de los campesinos fuera escuchada. “Yo estoy resuelto a luchar contra todo y contra todos sin más baluarte que la confianza y el apoyo de mi pueblo”. Escribió Zapata en una carta dirigida a Gildardo Magaña.


En 1910 Zapata se incorporó a las fuerzas maderistas, atraído por las demandas agrarias del Plan de San Luis. Pero una vez que triunfó este movimiento, el reparto de la tierra no se llevó a cabo. Los hacendados, aprovechando que el ejército porfiriano se mantuvo en pie, presionaron para que las fuerzas campesinas fueran desarmadas y urdieran una traición que por poco le costaba la vida a Zapata. “Quiero morir siendo esclavo de los principios, no de los hombres”, escribió Zapata en una de sus cartas.


En esas condiciones, Zapata reorganizó a su ejército y tomó Yautepec, Cuautla y Cuernavaca. Al triunfo de la revolución maderista, se negó a deponer las armas mientras no se hiciera efectivo el reparto de tierras. Esta actitud la mantendría hasta el fin de su vida, la cual le provocó enfrentamientos con quienes ocuparon el poder, mostrándose fiel a los principios del Plan de Ayala, ideario agrarista en el que se reflejaban los anhelos de los campesinos, sintetizados en la frase “Tierra y Libertad”. La recuperación de las tierras que les habían quitado a los campesinos era su objetivo principal.


A partir de la proclamación del Plan de Ayala, los zapatistas defenderían su resolución contra los gobiernos de Madero, Victoriano Huerta y Venustiano Carranza. Liquidaron el latifundismo y repartieron la tierra; confiscaron los ingenios y una gran empresa papelera y los pusieron a trabajar en beneficio de la población; fundaron un banco agrícola y abrieron numerosas escuelas primarias y para adultos; reorganizaron la vida política de los municipios, dando impulso a la organización tradicional de los campesinos y creando comités de vigilancia.


El campesino tenía hambre, padecía miseria, sufría explotación y si se levantó en armas fue para obtener el pan que la avidez del rico le negaba... Se lanzó a la revuelta no para conquistar ilusorios derechos políticos que no dan de comer, sino para procurar el pedazo de tierra que ha de proporcionarle alimento y libertad, un hogar dichoso y un porvenir de independencia y en agradecimiento.


Sin embargo, derrotado Villa en el norte, en 1915, sólo el zapatismo representaba un obstáculo a la consolidación del nuevo gobierno. Contra Zapata se dirigieron numerosas fuerzas que prácticamente arrasaron el estado de Morelos.


En 1919, víctima de una celada, Zapata fue asesinado en la hacienda de Chinameca, en el mismo lugar que ocho años atrás le tendieron igual traición. El movimiento zapatista fue derrotado militarmente,. Más no sus ideales de justicia. En una carta dirigida a Pancho Villa, Zapata escribió: “.. la ignorancia y el oscurantismo en todos los tiempos no han producido más que rebaños de esclavos para la tiranía...


Emiliano Zapata, de película…

Viva Zapata (1952. Director: Elia Kazan/ Escrita por John Steinbeck./ Actores: Marlon Brando, Jean Peters, Anthony Quinn) es una película sobre la Revolución mexicana, más específicamente sobre la revolución del sur hecha por los campesinos de Morelos. La mirada de Kazan se centra en aquellos momentos de toma de decisiones que Zapata tuvo que afrontar al encabezar el movimiento campesino y que pudieron identificarlo con la nutriente más perdurable de la Revolución. Desde el principio el espectador se va percatando como alrededor de Zapata -un hombre como cualquier otro- se va construyendo un mito.


La película se inicia con las siguientes palabras: "Ciudad de México 1909. Una delegación de indígenas del Estado de Morelos se entrevista en Palacio Nacional con el Presidente Porfirio Díaz." Se ve a un grupo de soldados revisando a los indígenas que asistirán a la entrevista. Uno de los soldados, al encontrarle un cuchillo a uno de los indígenas, se burla diciendo: "¨cuándo conseguirás un cuchillo de verdad?" Devuelve el cuchillo y deja pasar al indígena. Frente a Díaz éste les suelta como saludo "Buenos días hijos míos". Tal familiaridad contrasta con el silencio de los indígenas hasta que uno de ellos ante la reiterada solicitud de Díaz, da cuenta de los continuados despojos que han sufrido en manos de los hacendados. Para comprobar su propiedad enseñan los papeles que la Corona española les había extendido. La escena nos presenta un aspecto de la revolución difícil de resolver por medio de la prosa.


La identidad emocional entre la tierra y el hombre. Los campesinos muestran a lo largo de la película -en sus rostros y actitudes- que tierra y hombre son una y sola cosa. Para los zapatistas la tierra no es un objeto mas, la tierra son sus raíces, son su pasado, su presente y, por ella, determinan el futuro. Por la tierra, el tiempo se detiene de manera tal que la reivindicación campesina hace que el espectador tenga la sensación de un tiempo donde el pasado, presente y futuro se identifican de manera tal que al romper con la continuidad temporal resulte menos difícil olvidarse de las limitaciones geográficas del zapatismo.


Parte del mito zapatista -un movimiento sin líderes porque se corrompen según se le oye decir a Zapata ante un grupo de compañeros- es presentado por Kazan en varias escenas, como, por ejemplo, cuando Eufemio Zapata se desliga del movimiento desarraigándose de la tierra. Para Eufemio es más importante el dinero que la Tierra y por tal elección es abandonado, desarraigado del corazón de los campesinos.


El Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).

La escena final de la película “Viva Zapata” es el colofón de una cinta que tomando como pretexto a Zapata ofrece la visión de un extranjero contagiado del mito zapatista. Doble razón para reconocer la perennidad del zapatismo que permite explicar cómo en 1994 amplias capas de las poblaciones urbanas -no sólo de México sino más allá de sus fronteras-legitimó el movimiento encabezado por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). El zapatismo, si bien es un movimiento históricamente localizado, su esencia pertenece no sólo a los mexicanos sino a todos los hombres que quieren respirar aire de justicia social. Zapata es el hombre-viento y, por lo tanto, no puede morir, tal como lo dice el campesino después de ver su cadáver. Un hombre-viento inmortal que cuando se le necesite, volverá a cabalgar. Y en Chiapas -enero de 1994- la esperanza volvió a renacer. Este es el mensaje que Kazan comunica enviando como señal una película.