La 4T: un mito político unificador
José Antonio Robledo y Meza
La 4T es expresión de un “mito político unificador” mexicano que es, al mismo tiempo, la cara de una ideología que logró, a partir del 2018, cumplir el cometido de legitimar el poder de unos sobre otros. Esta legitimación del poder sólo fue posible cuando la “unidad nacional” pudo ser construida no solo a través del discurso.
El mito político unificador contiene la imagen simplificada del mundo (izquierda-ultraderecha, soberanistas-traidores) que los actuales gobernantes necesitan. Una imagen que ha sido incorporada sentimentalmente más que en pensamientos precisos. Una imagen que sirve como un mapa para guiar los comportamientos de los mexicanos hacia la obediencia a sus autoridades. Una imagen que tiene una significación directa para la política ya que gobierna la conducta del “pueblo”.
Discursivamente la 4T funciona como un “mito político unificador”, al proponer imágenes que se han convertido en creencias comunes. Creencias que han logrado afianzar un orden político. Con el apoyo de la narrativa fincada en el lema de “por el bien de todos, primero los pobres”, se han legitimado las relaciones políticas en que los transformacionistas han ganado el derecho a gobernar.
Lo específico de la 4T como mito político moderno -que la hace distinta a los mitos a secas- es que se ha desarrollado en un escenario político, usa un lenguaje político y se dirige a suscitar acciones políticas. La pretendida connotación global de la política que pretende ser válida para toda una sociedad proviene de su ambigüedad y ambas características, globalidad y validez, se muestran plenamente en el mito político unificador.
Una característica relevante del mito político unificador es su “colectivización”. Frente a los héroes individuales -Miguel Hidalgo, José María Morelos, Josefa Ortíz, Leona Vicario, Benito Juárez, Gertrudis Bocanegra, Manuela Medina ‘La Capitana’, Francisco I. Madero, López Obrador, etc.,- la 4T ha elevado, a la categoría de héroe a una personalidad colectiva: “el pueblo mexicano”.
Sobre la capacidad movilizadora de la 4T tenemos varios ejemplos de multitudinarias marchas y mítines que ha realizado desde, al menos, 2018. Otros ejemplos son las acciones electorales y el reiterado canto del Himno Nacional que prepara para la pasión, que es la forma de afirmarse existencialmente, es decir, el costo a pagar por la pervivencia histórica de la colectividad; el canto del himno nacional proporciona esperanza y fe en lo que ha de venir, sostiene en los desfallecimientos, hace potenciar el esfuerzo, promueve el heroísmo o el martirio, etc.
Otras características relevantes del mito de la 4T son su liminaridad, esto es, se encuentra en el umbral, entre una cosa que se ha ido (régimen prianista) y otra que está por llegar (nueva república), y la ambigüedad. En cuanto a la liminaridad el mito de la 4T reitera discursivamente como una situación que se transforma en otra y que los rituales cívicos intentan actualizar ya que nada es imposible, sobre todo, el orden creativo y de reestructuración en contra del caos y la destrucción neoliberal. De esta manera, el mito de la 4T es un principio formador de conciencia social y creador de las estructuras del actuar y del pensar.
La ambigüedad del mito de la 4T se presenta en el lenguaje, en el relato, en las situaciones morales y en su contenido. Esto lo hace portavoz de un específico lenguaje simbólico. El mito de la 4T ha mostrado tener un dotado poder de adaptación y de una plasticidad extraordinarios. Junto al deseo colectivo personificado, al empleo semántico y mágico de la palabra, a la utilización de ritos, la 4T se ha hecho acompañar de un método que pretende ser científico y filosófico. Los políticos transformacionistas saben muy bien que a las grandes masas las mueve mucho más fácilmente la fuerza de la imaginación que la pura fuerza física. Y este saber lo usan ampliamente.
Finalmente mencionaré que el poder de la narrativa de la 4T se consolida al dar cuenta de las cuatro trasformaciones siguientes: el origen de las instituciones, el nacimiento del poder, las leyes que reglamentan las relaciones entre los hombres (igualdad) y, finalmente, de su porvenir.