La agnotología complemento de la epistemología


José Antonio Robledo y Meza


Básicamente hay dos formas de ignorancia, la ignorancia sabia, aquella en que “se sabe, que no se sabe” y la ignorancia profunda, aquella en que “no se sabe, que no se sabe”. La ignorancia sabia nos conduce al estudio y a la investigación y, finalmente, al conocimiento científico. La ignorancia sabia en relación al conocimiento es más bien “una carencia de”, que “una ausencia de”.


En relación a la ignorancia sabia, las personas sabemos muchas cosas, tenemos información que nos interesa de muchos tipos: de valor histórico, de interés intelectual, de importancia práctica (tecnología) de profundo conocimiento teorético (filosofía y ciencia) que nos procuran comprensión del mundo y el Universo; pero también reconocemos que es infinita nuestra ignorancia.


A través de la ignorancia sabia adquirimos conciencia de nuestra ignorancia por: a) el conocimiento adquirido en la vida cotidiana y en el campo de las ciencias; b) la reflexión que a cada paso que damos en la solución de un problema nos permite descubrir nuevos problemas incluso ahí donde creíamos estar en terreno firme.


¿Cómo adquirimos saberes y conocimientos? Al estudiar aprendemos; adquirimos saberes y conocimientos, y, con esto, desarrollamos las condiciones para formular nuevos problemas ya que el estudio al mismo tiempo que nos abre las puertas de los saberes y conocimientos, nos da conciencia de nuestra ignorancia. El estudio hace posible que adquiramos distintas habilidades y capacidades -como las de dudar y sorprendernos, y la creatividad-. El estudio al ayudarnos a formular problemas nos conduce a pensar en la búsqueda de soluciones, a la investigación. Por lo dicho, los humanos reconocemos que día a día crecen nuestros saberes y conocimientos, pero al mismo tiempo que nuestra ignorancia es casi infinita. Y esta tensión entre saber e ignorancia se mantiene todo el tiempo.


Todo conocer y saber es una fuente de problemas y es con problemas que se mantiene vivo el pensar. Son los problemas -la tensión entre saber, conocer e ignorar- lo que le dan sentido al pensar. Después sigue el análisis del problema y los ensayos de solución y su correspondiente argumentación.


Una fuente del pensar nos lo proporcionan las contradicciones contenidas en nuestros saberes y conocimientos; otra son las contradicciones presentadas entre los saberes y los hechos a los que se pretende dar cuenta. Sea uno u otro el caso, el problema es conceptual ya que si el problema viniera del mundo práctico esto nos obligaría a meditar, teorizar, especular, dando con ello lugar a conceptualizaciones.


La ignorancia profunda es una reacción frente a lo diferente, lo nuevo, lo inesperado, que tiende a verse como algo peligroso y amenazante en el proceso cognitivo. En este sentido se tiende a mantener creencias, frente a la tensión que supone la ampliación de lo conocido. El avance del conocimiento contra la ignorancia profunda se realizó a partir del Renacimiento y sobre todo en el siglo XVIII mediante las armas de la crítica y la oposición a las creencias religiosas, los errores comunes, las supersticiones, los mitos y el poder político de los privilegiados que dificultaron el acceso de las masas a la lectoescritura para conservar su statu quo y dificultar la evolución hacia el progreso bajo el nombre de oscurantismo. Tal fue el significado de denuncia del espíritu de la Ilustración y la idea de progreso social unida al crecimiento de la educación de la población.


Hoy día existen herramientas que producen, distribuyen y consumen contenidos (Facebook, Tik-Tok, Instagram, Youtube, Twitch, etc) muchos de ellos generados por Inteligencia Artificial pero, ¿qué ocurre si las herramientas de producción de contenido se pervierten para desvirtuar el conocimiento y crear falsedades para convertirlas en una estrategia de quienes participan en la política? ¿Qué pasa si las mentiras se fabrican estratégicamente? ¿Qué ocurre si las herramientas de producción de conocimiento se pervierten para promover la ignorancia?


La censura, la desinformación intencionada etc. constituyen hoy día un freno para el desarrollo del estudio y la investigación y, por ende, del conocimiento científico bajo el supuesto de que la ignorancia absoluta facilita el ejercicio del poder. Poder que adquiere especial relevancia ejercido desde los medios de comunicación y redes sociales que tienden por eso a estar muy controlados tanto por los poderes políticos como económicos. En casos extremos algunos valores culturales se han convertido en absolutos, provocando la producción asimismo de “absoluta ignorancia”, y fanatismo. Generalmente el fanatismo es un subproducto de este sentido de la ignorancia absoluta fácilmente convertible en integrismo religioso o doctrinal, racismo e intolerancia gobernado y dirigido, casi siempre, a través de la ignorancia absoluta por intereses de poder.


Una de las mejores formas de sembrar la ignorancia absoluta consiste en hacer que sea más fácil acceder al contenido dudoso y conspirativo que al material científico. Y dedicarse, también, a desacreditar la información científica disponible.


Hoy día existe un campo que estudia la producción cultural de la ignorancia llamada agnotología. Este campo estudia, por ejemplo, cuáles son sus contornos, cuál es su coherencia y cuáles son sus reglas de operación; cuánta ignorancia hay, cuántos tipos existen y cuáles son las consecuencias que tiene en nuestra vida.


Para terminar, diremos que para el estudio del conocimiento tenemos la epistemología y para el estudio de la ignorancia tenemos la agnotología. Mucho avanzaremos mientras más nos familiaricemos tanto con nuestro conocimiento como con nuestra ignorancia.