La crisis de la salud mental
Devolvamos la infancia a la Tierra
José Antonio Robledo y Meza
La humanidad evolucionó en la Tierra. La infancia evolucionó para el juego físico y la exploración. Los niños prosperan cuando están enraizados en comunidades del mundo real, no en redes virtuales incorpóreas. Crecer en el mundo virtual fomenta la ansiedad, la anomia y la soledad. La Gran Reconfiguración de la infancia, de la basada en el juego a la basada al teléfono, ha sido un error catastrófico. Estas son palabras de Jonathan Haidt.
La Gran Reconfiguración de la infancia es la teoría principal que expone Jonathan Haidt en su libro La generación ansiosa que describe cómo entre 2010 y 2015 la infancia cambió drásticamente de estar basada en el juego en el mundo real a estar centrada en los teléfonos inteligentes y las redes sociales. Este cambio provocó un aumento global en los niveles de ansiedad, depresión y desconexión social en los jóvenes. Se trata de la transformación radical de la infancia en algo inhumano: en una existencia basada en el teléfono. Haidt señala que a medida que avanzaba en sus estudios para hallar las posibles causas de la crisis de salud mental, cada vez estábamos más seguros de que la principal culpable era la rápida transformación de la infancia que se produjo entre 2010 y 2015.
El libro cuenta la historia de lo que le ocurrió a la generación nacida después de 1995, popularmente conocida como generación Z, la que sigue a los millennials (nacidos entre 1981 y 1995). Algunos mercadólogos nos dicen que la generación Z abarca hasta los nacidos en 2010, más o menos, y proponen el nombre «generación alfa» para los niños nacidos después, pero no creo que podamos establecer una fecha que marque el fin para la generación Z hasta que cambiemos las condiciones que provocan tanta ansiedad a los jóvenes.
A partir de los trabajos de la psicóloga social Jean Twenge, sabemos que los factores que diferencian a las generaciones van más allá de los acontecimientos que viven los niños (como las guerras y las depresiones económicas), y que incluyen los cambios en las tecnologías que utilizaron de niños (la radio, después la televisión, los ordenadores personales, internet, el iPhone). Los más mayores de la generación Z entraron en la pubertad en torno a 2009, cuando convergieron varias tendencias tecnológicas: el rápido despliegue general de la banda ancha de alta velocidad en la década de 2000, la llegada del iPhone en 2007 y la nueva época de las redes sociales hiperviralizadas. Esta última comenzó en 2009, cuando aparecieron los botones de «Me gusta» y «Compartir», que transformaron la dinámica social del mundo online.
Si la infancia basada en el teléfono es uno de los principales factores que contribuyen a la epidemia internacional de enfermedades mentales, entonces hay algunas acciones claras y eficaces que los padres, profesores y miembros de la generación Z pueden llevar a cabo para hacer retroceder la infancia basada en el teléfono.
En la cuarta parte, del libro de Jonathan Haidt propone decenas de sugerencias, pero señala que las cuatro reformas fundamentales son:
1. Nada de smartphones antes del instituto.
2. Nada de redes sociales antes de los 16 años.
3. Colegios e institutos sin teléfonos móviles.
4. Mucho más juego sin supervisión e independencia infantil.
Jonathan Haidt señala que estas reformas son fundamentales porque resuelven múltiples problemas de acción colectiva. Cada padre que actúa facilita que otros padres de la comunidad hagan lo mismo. Cada colegio que se libera de verdad del teléfono, libera a todos sus alumnos para que estén más presentes unos con otros. Si una comunidad pone en práctica las cuatro medidas, es probable que en dos años se observen mejoras sustanciales en la salud mental de niños y adolescentes.
En cuanto a cómo llevar a cabo estas reformas, Haidt termina con dos sugerencias: alzar la voz y unirse con otros.
Alzar la voz
Si crees que la infancia basada en el teléfono es mala para los niños y quieres que se vuelva a una infancia basada en el juego, dilo. La mayoría de la gente comparte tus sospechas, pero no sabe qué hacer al respecto. Habla con tus amigos, tus vecinos, tus compañeros de trabajo, tus seguidores en las redes sociales y tus representantes políticos.
Si alzas la voz y apoyas las cuatro reformas fundamentales, inspirarás a muchos otros a unirse a ti. Si perteneces a la generación Z, la sociedad necesita urgentemente tu voz. Tus palabras serán las más poderosas de todas.
Únete a otros
Si eres padre, únete a otros padres que valoren la infancia basada en el juego y una mayor independencia infantil. Rechazar la infancia basada en el teléfono y elegir en su lugar la comunidad del mundo real. Si tienes hijos en el colegio, únete a otros padres para hablar con franqueza con el director del centro. Pídele que ponga en práctica las principales ideas: vetar los teléfonos, fomentar la independencia y la responsabilidad y añadir mucho más juego libre. Te aseguro que la mayoría de los directores, administradores y profesores odian los teléfonos, pero necesitan recibir mucho apoyo de los padres antes de poder tomar esa decisión.
Si eres profesor y estás harto del caos social y la interrupción del aprendizaje que provocan los smartphones y las redes sociales, únete a otros. Habla con tus compañeros e insta a la dirección de tu centro a reconsiderar no sólo las normas sobre los teléfonos, sino sobre todos los dispositivos que permiten a los alumnos enviarse mensajes de texto o consultar las redes sociales mientras están en clase. No deberías tener que competir con todo internet para conseguir la atención de tus alumnos.
El libro de Jonathan Haidt La generación ansiosa es una forma para informarse de por qué la salud mental de los niños y adolescentes se derrumba. De por qué desde 2010, en los países desarrollados se ha observado un inquietante y pronunciado aumento en el número de jóvenes diagnosticados con ansiedad, depresión y otros trastornos psicológicos. En compañía del libro de Haidt podemos aproximarnos a algunas respuestas de la pregunta ¿qué es lo que ha ocurrido?