La eutanasia en México


José Antonio Robledo y Meza


El pasado martes 28 de octubre de 2025 Samara Martínez, acompañada de legisladores de distintos partidos, presentó la Ley Trasciende en el Senado y posteriormente ante la Cámara de Diputados, respaldada por más de 128.000 firmas ciudadanas. La propuesta fue apoyada por senadores del Partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), Partido Acción Nacional (PAN), Partido Revolucionario Institucional (PRI), lo que la convierte en una de las iniciativas con mayor pluralidad política en materia de salud y derechos humanos.


La Ley Trasciende es la más reciente iniciativa impulsada por Samara Martínez, activista de 31 años que padece enfermedades crónico-degenerativas en etapa terminal. La propuesta presentada ante el Senado tiene por objeto modificar el artículo 166 Bis 21 de la Ley General de Salud en México, legalizando la práctica del suicidio asistido o eutanasia, clasificado hoy por la legislación mexicana como “homicidio por piedad”, que puede conllevar una pena de hasta 12 años de prisión, de acuerdo con el artículo 312 del Código Penal.


Características de la Ley Trasciende

La Ley Trasciende tiene un objetivo fundamental: devolver su autonomía a las personas que enfrentan una enfermedad sin perspectivas de cura, mediante un marco integral para garantizar el derecho a una muerte digna, con un proceso seguro y accesible.


Samara afirma que la iniciativa va más allá de dignificar la muerte, ya que es un acto de justicia social: “¿Por qué tenemos que ir a hacer uno de los procesos más naturales de la vida a otro país, del otro lado del mundo, en el que obviamente no puedes ir con toda tu familia, al menos que seas millonario? ¿Y por qué morir dignamente tiene que ser el privilegio de unos cuantos y no el derecho de todos?”. Sumado a lo anterior se ha documentado que entre el 3% y el 5% de la población que necesita cuidados paliativos en México tiene acceso a ellos, lo que condena a la agonía a la mayoría de las personas que padecen una enfermedad terminal o sufren de dolor crónico. La Ley Trasciende busca convertir a la eutanasia en un derecho humano, lo que obligaría al Estado a garantizarla en los casos que las personas lo soliciten, garantizar que todas las personas, independientemente de su condición social, puedan acceder a los servicios de salud donde ejerzan su derecho a la eutanasia.


La Ley Trasciende contempla criterios estrictos para acceder a ella. Las personas que busquen la eutanasia deberán tener más de 18 años; estar en pleno uso de sus facultades mentales; contar con dos diagnósticos, emitidos por médicos distintos, que confirmen que el paciente padece una enfermedad terminal o padecimiento crónico-degenerativo discapacitante sin posibilidad de cura; y haber recibido información clara y comprensible. Además, las personas deberán expresar su voluntad de manera libre y por escrito, ante Notario Público; y refrendarlo al menos cinco días después. Uno de los elementos que contempla la Ley Trasciende es la objeción de conciencia, la cual explica que los médicos no están obligados a realizar dicho procedimiento. No obstante, las instituciones de salud deberán garantizar la disponibilidad de otro profesional en un plazo no mayor a 48 horas, evitando cualquier demora injustificada. Para que sea considerada una muerte digna, la iniciativa enlista las acciones que la Secretaría de Salud tendría que realizar, tales como: capacitar al personal de salud para efectuar el procedimiento desde una visión ética; contar con los medicamentos necesarios para garantizar el acceso gratuito a este derecho; y supervisar su cumplimiento en todas las instituciones médicas públicas.


Límites al poder del Estado laico

¿Se justifica la decisión de obligar a las personas enfermas a mantenerse con vida en contra de su voluntad, al imponer las creencias de un grupo? ¿El Estado tiene derecho a imponer el dolor a quien no desea sufrirlo inútilmente?


La despenalización de la eutanasia, no sería suficiente si no va acompañada de una regulación sanitaria que garantice el acceso gratuito y seguro en las instituciones públicas. A esto se suma el reto cultural de lograr que las familias y seres queridos respeten la decisión de quienes recurren a esta alternativa, como sucedió en el caso de Noelia Castillo, la joven española de 25 años, quien tuvo que enfrentar un largo proceso legal por las ideas de su padre que se oponía a su derecho a la eutanasia.


La eutanasia y el suicidio asistido —procedimiento donde el paciente recibe la ayuda necesaria para terminar con su vida, pero la ejecución final depende de él mismo— aún tienen numerosas conversaciones pendientes, pues se siguen enfrentando a estigmas sociales que frenan su avance desde el ámbito público y la esfera privada. Para Samara, lo que no se debe olvidar es que esta ley no es una imposición para nadie, sino que busca ampliar la libertad de todas las personas: “No es una ley que habla de muerte, para mí -dice Samara- es una ley de amor a la vida hasta el último suspiro”.


Seis meses después, la Ley Trasciende sigue estancada en revisiones oficiales, pese a que cuenta con legitimidad social: es la primera vez que miles de mexicanos exigen la legalización de la eutanasia, apoyando la iniciativa a través de redes sociales. Una encuesta realizada en 2022, por la asociación "Por el Derecho a Morir con Dignidad" (DMD), mostró que el 72.7% de la población exige un cambio en las leyes para aprobar la eutanasia, especialmente entre los jóvenes de 18 a 34 años (80%) pero el Legislativo la frena. Es necesario señalar que de acuerdo con el Censo de Población y Vivienda 2020 realizado por el INEGI en 2020 había 90,224,559 (población de 5 años y más) personas que declararon ser católicas. Así que las cifras de INEGI y de la asociación DMD demuestran que la ideología religiosa no se contrapone con la postura social para legalizar la eutanasia.


Hoy día, abril de 2026, la eutanasia sigue prohibida en México y se castiga como “homicidio por piedad”. Ante esta situación, la Ley Trasciende pretende convertir a la eutanasia en derecho humano, garantizando acceso seguro y equitativo para pacientes terminales. En relación a este tema, en México el avance más significativo ha sido la aprobación de la Ley de la Voluntad Anticipada: el derecho legal de toda persona, en pleno uso de sus facultades, a decidir libremente sobre los tratamientos médicos para conservar la vida de forma artificial. Sin embargo, esta práctica aún no ha sido legalizada en todos los estados de la República. Y en aquellos en los que sí se permite, su aplicación suele depender de que los familiares del paciente notifiquen al médico sobre la decisión, lo que muchas veces no sucede. La Ley de la Voluntad Anticipada se aplica en la Aguascalientes, CDMX, Chiapas, Coahuila, Colima, Estado de México, Guanajuato, Guerrero, Hidalgo, Michoacán, Nayarit, Oaxaca, San Luis Potosí, Tlaxcala y Yucatán,.


¿Quién es Samara Martínez la principal promotora de la Ley Trasciende? A los 17 años, Samara fue diagnosticada con dislipidemia mixta e hipertensión. Cinco años después, los médicos le detectaron glomeruloesclerosis focal y segmentaria, por lo que sólo le quedaba 23% de función renal. Posteriormente se le diagnosticó lupus eritematoso sistémico, una enfermedad autoinmune en la que los anticuerpos atacan los órganos. Tras recibir dos trasplantes de riñón fallidos, su enfermedad entró en una etapa terminal, con una esperanza de vida de entre cinco y ocho años, periodo en el cual debería someterse a diálisis durante 10 horas diarias. A los 28 años su vida depende de estar conectada 10 horas a una máquina. ¿Tiene Samara derecho a la eutanasia?


El debate sobre la eutanasia constituye uno de los dilemas centrales de la Bioética, al enfrentar el principio de Autonomía con el de No maleficencia. En la próxima entrega analizaremos el argumento a favor de la eutanasia. Mientras tanto, si la mayoría de los mexicanos apoyan la eutanasia, ¿por qué no se ha aprobado una ley que despenalice esta práctica?


Por ahora terminemos con una pregunta y unas palabras de Samara: “Yo me amo tanto que ya no quiero verme en una situación de agonía en un hospital, de no reconocerme. Yo quiero que mi familia se quede con lo último que se quede de mí con una sonrisa, con una celebración a la vida”. La pregunta es la siguiente: ¿los mexicanos debemos tener el derecho a decir: ¡¡ya basta!!?