La perspectiva histórica de la figura de Jesús


José Antonio Robledo y Meza


En términos generales son dos las perspectivas existentes de la figura de Jesús. Una la histórica la otra la religiosa. Entre estas últimas destacan la cristiana, la islámica y la maniquea. En este espacio hablaremos del Jesús histórico y solo daremos un apunte de las perspectivas religiosas.


En la vertiente cristiana Cristo se utiliza como sinónimo de Jesús es así que Jesús Cristo quiere decir «Jesús, el Mesías». Las principales creencias cristianas acerca de Jesucristo incluyen su consideración como el Hijo de Dios y Señor; que fue concebido por el Espíritu Santo y que nació de la Virgen María; que fue crucificado, muerto y sepultado durante el mandato de Poncio Pilato; que descendió a los infiernos y, al tercer día, resucitó de entre los muertos y subió a los cielos, donde se encuentra sentado a la derecha de Dios Padre y desde donde volverá para el Juicio Final.


En la tradición islámica Jesús se considera como uno de los mensajeros de Dios y el Mesías enviado para guiar al Pueblo de Israel con una nueva escritura: el evangelio. Según el islam, se debe creer en Jesús (así como en todos los otros mensajeros de Dios) como requisito para ser musulmán. El Corán menciona a Jesús veinticinco veces por su nombre, lo cual es más que a Mahoma.


En el maniqueísmo a Jesús se le considera como uno de los cuatro profetas junto con Zoroastro, Buda Gautama y Mani; también es una «deidad de guía» que recibe a los cuerpos de luz de los justos después de su liberación.


El Jesús histórico.

Jesús de Nazaret comenzó a estudiarse como personaje histórico, al margen de la religión, en el siglo XVIII. Desde entonces, la mayoría de historiadores, cristianos y no cristianos, dan por hecho su existencia como personaje histórico, y este consenso ha aumentado en los siglos XX y XXI. La existencia histórica de Jesús de Nazaret es muy probable por varias razones, principalmente la existencia de testimonios no cristianos de su existencia (Tácito, Flavio Josefo, etc.). Además, la mayoría de estos testimonios de los siglos I y II. mencionan la crucifixión de Jesús.


Aunque a Jesús se lo menciona en fuentes no cristianas, lo que se conoce sobre él procede casi en exclusiva de la tradición cristiana, especialmente de la utilizada para la composición de los evangelios sinópticos, redactados, según opinión mayoritaria, unos treinta o cuarenta años, como mínimo, después de su muerte. La mayoría de los estudiosos considera que, mediante el estudio de los evangelios, es posible reconstruir tradiciones que se remontan a contemporáneos de Jesús, aunque existen grandes discrepancias entre los investigadores en cuanto a los métodos de análisis de los textos y las conclusiones que de ellos pueden extraerse.


Desde el siglo XX hasta la actualidad, la mayoría de los historiadores que estudiaron la Edad Antigua afirman la existencia histórica de Jesús. Entre los autores que afirman la historicidad de Jesús se encuentran, por ejemplo, Raymond E. Brown (La muerte del Mesías), John Dominic Crossan (Jesús, vida de un campesino judío y Jesús desenterrado), Bart Ehrman (Jesús, el profeta judío apocalíptico), Gerd Theissen y Annette Merz (El Jesús histórico), E. P. Sanders (La figura histórica de Jesús), Geza Vermes (Jesús el judío: los manuscritos leídos por un historiador y La religión de Jesús el judío) y Paul Winter (El proceso a Jesús).


Hay también autores que niegan la existencia de Jesús. Los principales defensores de este punto de vista son Timothy Freke y Peter Gandy (Los misterios de Jesús. El origen oculto de la religión cristiana), Earl Doherty (El puzzle de Jesús) y, sobre todo, George Albert Wells (La evidencia histórica de Jesús y El Mito de Jesús).


Según la opinión mayoritariamente aceptada en medios académicos, basada en una lectura y estudio críticos de los textos sobre él, Jesús fue un predicador judío que vivió a comienzos del siglo I en las regiones de Galilea y Judea, fue circuncidado a los ocho días de nacido, fue bautizado por Juan el Bautista cuando era joven y, después, comenzó su propio ministerio. Siendo un maestro itinerante, a menudo se le llamaba «rabino».


Los relatos referentes al nacimiento e infancia de Jesús proceden exclusivamente de los Evangelios de Mateo (1,18-2,23) y de Lucas (1,5-2,52) cuyas narraciones difieren significativamente entre sí. No hay relatos de este tipo en los Evangelios de Marcos y Juan. Las narraciones de Mateo y Lucas difieren entre sí:


Como puede constatarse, las diferencias entre ambos relatos, los de Mateo y Lucas, son bastante significativas: a) en el relato de Mateo, María y José vivían en Belén; en el de Lucas, en Nazaret. b) En el relato de Mateo, el ángel se aparece (en tres ocasiones) a José; en el de Lucas solo se aparece (en una ocasión) a María; c) Las historias de los magos de Oriente, la degollación de los inocentes, y la huida a Egipto, solamente son citadas en el Evangelio de Mateo; d) Las historias de la adoración de los pastores, la circuncisión de Jesús, la presentación en el Templo, y el encuentro de Jesús con los doctores del Templo, solamente son citadas en Lucas.


Para terminar y sujetándose a criterios históricos se llega a la conclusión de que, si bien Jesús existió históricamente la información proporcionada por los pasajes arriba mencionados no pueden tener credibilidad por contradictorios. Las razones pueden sintetizarse de la siguiente manera: no hay explicación alguna para la existencia de tantas contradicciones en a) textos supuestamente escritos por testigos directos —y redactados dentro de un periodo de tiempo de unos treinta a cuarenta años entre el primero (Marcos) y el último (Juan)— y b) los textos hayan sido inspirados por Dios... Una razón de peso para aceptar la figura histórica de Jesús es, como lo hemos dicho arriba, la existencia de testimonios no cristianos de su existencia (Tácito, Flavio Josefo, etc.)