Magnetismo y electricidad en el día de las madres


José Antonio Robledo y Meza



Jean-Honoré Fragonard, ca.de 1790 “El beso robado” (fragmento), óleo sobre lienzo,

45 cm × 55 cm., Museo del Hermitage, San Petersburgo, Rusia


Madre eres lluvia de tiempo, verano en el atardecer… moriste para renacer mil veces.


El “beso robado” de Fragonard nos muestra la complejidad de un beso. ¡Hay que mirar los rostros, observar las miradas! Las miradas están llenas de magnetismo y electricidad: de amor. La fascinación de uno para con otro cuerpo se muestra en la mirada; la mirada deja de estar en los ojos para alojarse en el alma porque es el alma la que ve a su par. Es por eso que hay besos con los ojos cerrados debido a la timidez de un alma para ser reconocida por otra. Y el beso en la boca es especial debido a la unión de alientos entre dos almas... y por lo regular viene después de palabras amorosas... y es previo al silencio de amor... El beso asociado a una madre es el resultado del silencio más fino.


Los seres humanos estamos construidos por una serie de relaciones tanto biológicas como sociales. Estamos construidos -querámoslo o no- por la política, la economía y la cultura. Biológicamente somos animales mamíferos necesitados de afectividad. La necesidad de afecto es manifiesto en todos los mamíferos y si este afecto es caluroso ¡qué mejor! La madre al nacer su hijo lo besa calurosamente y con ello lo marca con el amor. Y esa marca perdurará para siempre: lo vemos a diario en las relaciones de parejas. Ese amor se manifiesta en los cinco sentidos. ¿Quién no es capaz de percibir una mirada amorosa?, ¿escuchar sonidos llenos de caluroso afecto?, ¿sentir o dar una caricia llena de amistad?, ¿de sentir afecto por medio de la boca? ¿Quién no ha sentido la dicha de un beso? ¿Quién no busca volver a la raíz del amor por medio de un beso una y mil veces?


Por el beso los adultos nos descubrimos sexualmente aptos. Y antes que nada el beso nos conduce a estados de exaltación, fascinación, posesión y éxtasis. Y este es el costo de nuestra condición amorosa. Por el amor poseemos y somos poseídos. Poseemos a la persona amada al mismo tiempo que ella nos posee. Extraordinaria complejidad: poseer a quien nos posee. Tal vez esta relación obliga a muchos a llevar el amor a la clandestinidad y a la transgresión.


Vivimos el amor tanto anímica como carnalmente y a veces tememos contaminar el uno con el otro. ¿Es por eso que existen amores clandestinos tanto en un sentido como en otro?


En no pocas parejas se logra dar la plenitud; “amada amante”, dice la canción, y lo dice bien ya que da cuenta del deseo con amor, del contacto carnal junto con el amor sublime, nunca degradado.


Amor sublime porque nunca muere, siempre nace y renace con el enamoramiento. Dice Alberoni: “el amor es la regeneración permanente del amor naciente”; la canción popular lo confirma: “este amor... va creciendo como el fuego...”


Hay amores y amistades que como la vida son para cuánto dura ésta. El amor a la madre es uno de ellos.


Un beso para mi madre, mi esposa, mi hija; un beso para las mujeres-madres…