Un experimento mental
José Antonio Robledo y Meza
Estimados lectores, se trata de imaginar una situación inicial que creamos la más conveniente a todos nosotros. Imaginemos que todavía no hemos nacido y que reunidos nos preguntamos en qué tipo de sociedad nos gustaría nacer. Se trata de acordar las reglas, leyes y la estructura política y económica fundamental de la sociedad en la que vamos a vivir. Se trata de establecer los principios fundacionales de una sociedad justa de manera imparcial y objetiva.
Las condiciones iniciales de todos nosotros es que desconocemos por completo nuestras características individuales y nuestro lugar en la sociedad: No sabemos si seremos ricos o pobres; desconocemos cuales serán nuestros talentos, inteligencia o fuerza física; no sabemos nuestro género, raza, etnia, religión u orientación sexual; desconocemos cuáles serán nuestros valores personales, metas o planes de vida. Lo único que tendríamos es una comprensión básica de la economía, la psicología humana, la ciencia política y el funcionamiento general de la sociedad.
En estas condiciones -les recuerdo que todos nosotros desconocemos qué posición ocuparíamos en la estructura social- ¿sería razonable elegir una sociedad donde se promuevan leyes opresivas hacia una minoría o hacia un grupo vulnerable?, o por el contrario ¿tenderíamos a maximizar las condiciones de los peor posicionados en la sociedad, garantizando que, en el peor de los casos, la situación sea razonablemente justa y aceptable?
En este momento tendríamos que acordar algunos principios básicos para hacer viable los acuerdos necesarios y construir una sociedad justa de manera imparcial y objetiva, lo cual es el objetivo.
Más temprano que tarde tendríamos que acordar un principio de libertad igual: Cada persona tendría el mismo derecho irrenunciable a un esquema plenamente adecuado de libertades básicas iguales para todos (libertad de expresión, voto, religión, etc.).
El otro principio tendría que ver con las diferencias. Si en la futura sociedad habría desigualdades sociales y económicas entonces deberán cumplirse dos condiciones: a) estar vinculadas a cargos y posiciones abiertos a todos en condiciones de igualdad equitativa de oportunidades y b) redondear en el mayor beneficio de los miembros menos aventajados de la sociedad (“Por el bien de todos, primero los pobres”).
En conclusión, y bajo las consideraciones formuladas la alternativa de en qué tipo de sociedad querríamos nacer sería, o una donde se garantice el derecho de los más vulnerables o una de libre mercado.
Este experimento mental se conoce como “velo de la ignorancia”, que es un principio conceptual diseñado por John Rawls en su obra, Teoría de la Justicia (1971).
El experimento mental se ubica en una especie de igualdad imaginaria antes de nacer, porque es justo la imaginación la que nos hace querer cambiar el estado de las cosas en nuestras sociedades.